En este tiempo de confinamiento y de temor a la pandemia, las palabras de Jesús en este domingo pueden sonarnos extremadamente duras, sobre todo si el Covid 19 se ha llevado a personas de nuestra familia o de nuestro entorno. Al escuchar a Jesús decir: El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí, podemos experimentar, por lo menos, desconcierto, cuando no escándalo. Tenemos que recordar, al mismo tiempo, que Jesús lloró ante la tumba de su amigo Lázaro, y podemos preguntarle a Él mismo qué quiere decirnos al pedir que lo amemos más que a las personas que más queremos. Pero escuchemos también que nos llama a seguirlo por el camino de la cruz, lo que refuerza la dureza de la cita inicial. Tenemos que amarlo a Él, más que a nuestra propia vida. Porque, agrega: El que encuentre su vida la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará. Y, a continuación, nos muestra que la clave está en confiar en Aquél que envió a Jesús. Ni un vaso de agua dado a un discípulo, quedará sin recompensa. El amor a Dios incluye y sublima el amor a los demás… como dirá más tarde Juan: Si uno dice que ama a Dios y no ama a su hermano, es un mentiroso. Por tanto, el amor a Dios incluye el auténtico amor a la familia.

Lo que nos narra el 2º. libro de los Reyes nos prepara a reconocer que lo que se hace por los discípulos (el profeta, en este caso) recibe su recompensa. Y la carta a los Romanos en la segunda lectura nos invita a reconocer que, por el bautismo ya fuimos sepultados en la muerte de Cristo, por lo que, muertos al pecado vivimos para Dios en Cristo Jesús.

El lunes nos encontramos con aquellos que san Ireneo (cuya memoria, el 28, se omite por el domingo) muestra como las columnas de la Iglesia: los apóstoles Pedro y Pablo, que, en su tiempo llevaron el Evangelio a judíos y paganos, y perdieron la vida por el mismo. A ellos los sigue la multitud de los primeros mártires de la Iglesia romana, a quienes recordamos el día 30.

Tras ellos, en esta semana se destaca la fiesta del apóstol santo Tomás, el viernes 3. Hay tradiciones que lo ubican evangelizando en Persia y en la India, donde la Iglesia siro-malabar (iglesia oriental en plena comunión con Roma) lo reconoce como su fundador. Habría muerto mártir alrededor del año 72, en la India. El sábado 4 se puede recordar a santa Isabel, reina de Portugal (1271-1336), que, como viuda, vivió ligada a la espiritualidad franciscana.

En el santoral de la Compañía de Jesús, el jueves 2 se celebra la memoria de cuatro santos misioneros en campos y ciudades de Europa: Bernardino Realino (+1616), Juan Francisco de Regis (+1640), Francisco de Jerónimo (+1716), con los beatos Julián Maunoir (1683) y Antonio Baldinucci (+1717).

José M. Arenas SJ

Liturgista amateur y colaborador frecuente del sitio Jesuitas Chile. Da Ejercicios Espirituales y forma parte del equipo del Centro de Espiritualidad Ignaciana. Consultor del Arzobispado, de la Conferencia Episcopal y de la Santa Sede en temas de ecumenismo y diálogo interreligioso.

Compartir noticia