En el paso de la semana 17 a la 18 de este tiempo “ordinario”, se produce una coincidencia que es única: el párrafo (en elegante: “la perícopa”) del evangelio de san Mateo que se proclama el domingo, es continuación exacta de lo que se ha proclamado el sábado; a su vez, el lunes podremos escuchar y meditar el párrafo exactamente siguiente. Es decir, este año podremos meditar completo el capítulo 14 de san Mateo en estos tres días.

Contemplando sólo la escena que se nos ofrece el domingo, podemos ver en ella una imagen del banquete mesiánico que nos anuncia el profeta Isaías en la primera lectura. Como señala el salmo responsorial 144 (145), el Señor abre su mano y colma de favores a todo viviente. Por eso, podemos poner en manos del Señor lo poco que tengamos, y lo poco que somos… Él multiplicará de alguna manera lo que compartamos. Tal vez, porque muchas otras personas imiten el gesto de compartir. Así, no sólo alcanza para que todos coman, sino para que sobre una gran cantidad. Se cumple así lo que celebra y agradece Pablo en la carta a los Romanos: Podemos confiar en que el amor de Dios multiplicará lo que pongamos en sus manos. Nada podrá separarnos de ese amor con que Cristo nos mira a todos y se compadece de nuestra orfandad. Podemos escuchar entonces, confiadamente su llamado: “Denles de comer ustedes”. Lo que ofrezcamos en favor de los demás (bienes materiales o espirituales), Él lo multiplicará.

Con este espíritu podemos entrar en esta semana, en que seguiremos escuchando al profeta Jeremías llamando constantemente al pueblo a convertirse, mientras otros profetas lo engañan con oráculos de una paz engañosa. Sólo tras la purificación del exilio, Israel podrá reencontrarse con el Señor, que hará una nueva alianza con él, escribiéndola en los corazones de sus fieles. Terminaremos la semana escuchando a Nahúm y Habacuc, profetas que anuncian la caída del imperio asirio, bajo cuya tiranía había caído el reino de Israel. En el Evangelio, durante la semana seguiremos acompañando a Jesús y sus discípulos, en su misión por Galilea. Al mismo tiempo que libera a los oprimidos por el mal, Jesús invita a no limitarse al cumplimiento exterior de la Ley y llama a los discípulos a no tener miedo ante las tempestades que azoten a la comunidad, ni temer seguirlo por el camino de la cruz.

En el santoral de la semana, se destaca la fiesta de la Transfiguración del Señor, que se celebra el jueves 6: Jesús reconforta a los discípulos para que no teman seguirlo. El martes 4, recordamos a san Juan María Vianney, cura de Ars (1786-1859), patrono de los párrocos. El 5 se puede recordar la Dedicación de la Basílica de Santa María, en Roma, el lugar desde donde suele partir y adonde suele regresar el Papa Francisco, cuando hace un viaje apostólico. El viernes 7 se puede celebrar la memoria del martirio del Papa Sixto II y sus compañeros (+258), o también a san Cayetano (1480-1547), fundador de la Orden de los Teatinos. Y el sábado 8 se celebra la memoria de santo Domingo de Guzmán (1170-1221), fundador de la Orden de Predicadores (Dominicos).

José M. Arenas SJ

Liturgista amateur y colaborador frecuente del sitio Jesuitas Chile. Da Ejercicios Espirituales y forma parte del equipo del Centro de Espiritualidad Ignaciana. Consultor del Arzobispado, de la Conferencia Episcopal y de la Santa Sede en temas de ecumenismo y diálogo interreligioso.

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