19ª. Semana del tiempo durante el año

A menudo, en la vida de la Iglesia, nos vemos sacudidos por oleajes y tormentas exteriores; y en los últimos años, hemos podido comprobar numerosas brechas y filtraciones en el interior de esta “barca de Pedro”. Podemos, entonces, sentirnos asustados tal vez más que los discípulos que contemplamos este domingo en la barca, en medio del “mar de Galilea”. Porque sentimos que, como Iglesia estamos haciendo agua, además de los distintos vientos en contra. Pidamos, entonces, la gracia de saber reconocer a Jesús cuando venga a nosotros caminando sobre estas aguas. Porque, de alguna manera vendrá, y tendremos que aprender a reconocerlo en medio de tantos fantasmas que nos aterrorizan. Como a Pedro, el mismo Jesús nos invita a ir hacia Él. También en medio de nuestros pecados, delitos y dolores, Él está dispuesto a sostenernos y devolvernos la paz y la confianza, para que no temamos renovarnos personal y comunitariamente y, así podamos dar un testimonio cada vez más coherente y creíble del Evangelio.

Preparándonos a la escena del Evangelio, la Iglesia nos recuerda la experiencia del profeta Elías: el Señor no actúa con violencia, no se impone por la fuerza. Su Espíritu es una brisa suave, pero que nos da la fortaleza para dar la vida por los demás, como llega el apóstol san Pablo a ofrecer su posibilidad de vida eterna en rescate por sus hermanos de raza.

Durante la semana, el Evangelio nos hará escuchar a Jesús instruyendo a sus discípulos. La fiesta de san Lorenzo nos impedirá escuchar el lunes el segundo anuncio de la pasión, pero desde el martes hasta el viernes, recibimos, junto con los Doce, algunos criterios para vivir como discípulos de Jesús que pueden ayudarnos a renovar de raíz nuestra vida de Iglesia.

El santoral tiene fuerte presencia en la semana. El lunes 10, con los diáconos celebramos la fiesta de su patrono, el mártir san Lorenzo (+258), diácono del papa san Sixto II, martirizado días antes con otros compañeros. El martes 11 se celebra a santa Clara de Asís (1193-1223), discípula de san Francisco e inspiradora de las clarisas; el miércoles 12 se puede recordar a santa Juana Francisca de Chantal (+ 1641), viuda y religiosa fundadora de la Orden de la Visitación, y el 13 a los mártires Ponciano, papa, e Hipólito, presbítero, víctimas de la persecución de Maximiano (año 235-236). Y el jueves 14 nos encontramos con la heroica figura de san Maximiliano María Kolbe, franciscano conventual de fecunda vida apostólica, ejecutado en esta fecha en 1941, en Auschwitz. La semana se cierra con la solemnidad de la Asunción de la Virgen María, que se celebra el sábado 15. La importancia de la celebración es subrayada por la Vigilia, el día 14 por la tarde. Ahí podemos unirnos al grito agradecido de la mujer que en medio de la multitud bendice a la Madre de Jesús, y escuchar al mismo Jesús declarar más felices a quienes oyen la Palabra de Dios y la practican. Podemos pedir esa gracia para nosotros y en nuestro país, orar ese día 15 especialmente por las Religiosas y por la Vida Consagrada.

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