¿Qué hace un católico en la época de Adviento? es una pregunta recurrente los días previos a entrar al mes de diciembre. Para encontrar respuestas y recibir una invitación a recibir el Espíritu Santo, el P. Juan Diaz SJ., Director del Centro de Espiritualidad Ignaciana, nos explica de qué se trata esta hermosa época que comienza este domingo 1 de diciembre como preparación al nacimiento de Jesús.

El Adviento señala el comienzo del año litúrgico de la Iglesia. El Adviento es un tiempo de
expectación esperanzada. Aunque nuestra mirada se dirige naturalmente hacia la Navidad y el
nacimiento de Cristo, la liturgia nos invita a alargar al mismo tiempo nuestra mitrada, los ojos
de fe, hasta el fin de los tiempos, la esperada Parusía de Cristo:

“La primera lectura de la misa del domingo en que se inicia el tiempo litúrgico de Adviento está tomada del libro de Isaías (2, 1-5) dice que “Sucederá al fin de los tiempos, que la montaña de la Casa del Señor será afianzada sobre la cumbre de las montañas…Todas las naciones afluirán hacia ella y … dirán ¡Vengan, subamos a la montaña del Señor!”.

Podemos decir entonces que al tiempo de Adviento lo podríamos comparar con una subida hacia una montaña.

Muchos gustan subir cerros y desde la cumbre observar impresionados el paisaje que los rodea. Eso les hace bien, para el cuerpo y para el alma. Durante la subida a un cerro el escalador se va preparando para llegar a la cima y poder llegar a contemplar la inmensidad del lugar. De hecho, todos en la vida nos movemos de un lado para otro y el caminar a veces resulta muy pesado. El último mes ha sido para todos especialmente muy agotador y el caminar muy inseguro. Podemos quedarnos en la vida dando vueltas a la manzana o recorrer caminos trillados y aburridos. También podemos quedarnos simplemente sentados.

Adviento, en cambio, nos anima a subir un cerro, a llevar a cabo una peregrinación espiritual, a encaminar nuestros pasos para alcanzar una cumbre espiritual. La subida hacia “la montaña del Señor” significará hacer crecer en nuestra persona los rasgos distintivos de Jesús. Por eso podríamos decir que la meta de nuestra excursión al cerro es llegar al mismo Jesús. Significa centrar la mirada en Él y con ello obtener fuerzas de esperanza en tiempos mejores.

Pero no se trata de desentenderse de lo que está ocurriendo hoy en el plano de la ciudad. La misma lectura de Isaías invita a acciones concretas al decir que con las “espadas se forjarán arados y podaderas con las lanzas”, que no levantará la espada una nación contra otra ni se adiestrarán más para la guerra”. Esta frase figura en el vestíbulo del edificio de las Naciones Unidas en Nueva York.

La caminata que se nos invita hacer nos debe animar a pensamientos de paz, a trabajar para conseguir la esperanza en un país reconciliado, en el que se superen las injusticias y todo aquello que nos separa. Los esfuerzos deben apuntar a erradicar toda violencia (no más lanzas ni espadas), a abrirnos al diálogo, a que aprendamos a escucharnos y a ponernos en la posición del otro, a rezar más todos juntos para que juntos discernamos los pasos a seguir.

Por tanto, Adviento es disponerse a subir un cerro, tomándole el gusto al aire puro del Espíritu Santo”, como ha dicho el Papa Francisco, que nos libere de quedarnos centrados en nosotros mismos, permitiendo que Jesús salga a nuestro encuentro como personas y como país.”

 

Foto: Cortesía Jesuitas ARU

 

 

 

 

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