Darle un tiempo a la interioridad

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El director del Centro de Espiritualidad Ignaciana, Juan Díaz SJ, explica que en un sentido amplio, “espiritualidad” es vivir según el Espíritu Santo que Dios imprime en nuestros corazones. Es el espíritu de Jesús que nos mueve a realizar acciones que den gloria a Dios y que al mismo tiempo nos vinculan a otras personas para amarlas y servirlas: “Vivir espiritualmente es conectarse con la intimidad del Hijo de Dios para llegar a tener sus mismos sentimientos y, con una vida feliz, hacer felices a los demás”, agrega el director del CEI.
Para el padre Juan es fundamental en estos tiempos dar un espacio a la interioridad, para con ello tener fuerza y prestar el servicio que el mundo requiere, transparentando el rostro de Jesús y dando a conocer su mensaje de paz y justicia. “Cada uno según su carácter y experiencia debiera acercarse a una espiritualidad para proceder mejor en esta vida”, añade el sacerdote.
¿Y cómo vivir en esa intimidad con Jesús? Algunos podrán poner más énfasis en la oración contemplativa, otros en su predicación y enseñanza, otros en su opción por los pecadores y los más pobres, otros por su entrega a los enfermos, otros por su forma de vivir las contradicciones que lo llevaron a la cruz, otros por el amor a los niños, o a los encarcelados. “En la historia de la Iglesia familias religiosas han acentuado alguna de esas conductas y las han hecho suyas. Así han aparecido las espiritualidades benedictinas, la de los predicadores, la franciscana, la camiliana, la de redimir cautivos, la pasionista, la salesiana”, contextualiza el padre Juan.
Una de esas espiritualidades es la ignaciana, basada en la experiencia de San Ignacio de Loyola quien se acercó a Jesús a través de la vivencia de los ejercicios espirituales y el discernimiento, para así encontrar la voluntad de Dios en el mayor servicio a los demás, ahí donde sea más necesario.
El Centro de Espiritualidad Ignaciana ofrece un camino para conectarse con el Espíritu de Jesucristo. Un recorrido formativo que contempla cursos y talleres que apuntan a una formación humana que posibilite la acción de la gracia y una profundización en la experiencia de Ignacio de Loyola. Su propósito es dar a conocer los ejercicios espirituales y ayudar en el método de discernimiento espiritual.
El padre Juan Díaz nos explica más en detalle: “Junto a esos talleres, cursos y charlas ofrecemos retiros y ejercicios propiamente tales. La diferencia entre ambos es que los retiros son tiempos cortos de oración (medio-día, un día entero, dos días, cuatro días) y los ejercicios son de ocho días, de un mes o en la vida corriente durante un lapso de tiempo más grande. Antes de hacer los ejercicios de San Ignacio recomendamos esos días de retiro en los que en medio del silencio uno aprende a rezar. La experiencia de los ejercicios requiere tiempos prolongados siguiendo el método ignaciano”.
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