Décima cuarta semana del tiempo durante el año

A mitad del año, iniciando el segundo semestre, Jesús llama a quienes estén afligidos y agobiados a acudir a Él, para encontrar alivio. No es necesario estar en pleno verano, como en el hemisferio Norte, ni en vacaciones de invierno. Sólo tenemos que preguntarnos por qué nos sentimos agobiados. Tal vez porque nos sentimos enrolados en un arduo trabajo espiritual, o en medio del ruido de un mundo acelerado que cada vez nos presenta nuevas necesidades y oportunidades, que nos fascinan un momento y luego nos decepcionan.  Si hace una semana nos decía que hay que perder la vida para ganarla, ahora nos llama a cargar con su yugo. ¡Una carga más sobre el agobio inicial!
Si esta vida nos resulta demasiado pesada, debemos preguntarnos si realmente nos hemos encontrado con Jesucristo, o si nos hemos cargado con la Ley antigua, el Catecismo, el Derecho Canónico y… hasta nuestras devociones particulares. En ese contexto, escuchar a san Pablo decirnos: “Si ustedes viven según la carne, morirán”, nos suena a un juicio final, sin escapatoria. Pero, precisamente la clave está en cómo entendemos lo de vivir según la carne. Porque no se trata de identificar carne con materia, sino de reconocer que lo carnal en nosotros es lo autorreferente, el sentirnos propietarios y propietarias de nosotros y de nuestro entorno. El pecado más carnal es la soberbia, pecado del alma, rechazo del amor de Dios y de los demás, negativa a servir a nadie. La Buena Noticia de Jesús es que nuestra salvación no depende de nuestros esfuerzos, sino que es un regalo. Él mismo nos ha dicho que no ha venido a llamar a los justos sino a los pecadores. Y ya el profeta Zacarías en la primera lectura de este domingo nos invita a recibir a nuestro rey, que no llega con un gran ejército, sino humilde, en un burrito. Estamos invitados e invitadas, entonces, a abrirnos a la acción del Espíritu  “que dará vida a nuestros cuerpos mortales”. Bajo el impulso de su amor, ninguna carga resultará pesada.
Durante la semana, mientras diversos pasajes del libro del Génesis nos hacen recordar la historia de Jacob y de sus hijos, hasta la entrada de los patriarcas en Egipto, en el evangelio de Mateo acompañamos a Jesús en su ministerio galileo dando vida y liberando a diversas personas oprimidas por males, para luego llamar y enviar a los Doce a prolongar su misión, sin temor a las contradicciones que encontrarán.
En nuestro santoral, se destaca esta semana la fiesta de santa Teresa de los Andes (1900-1920), carmelita, primera santa canonizada de nuestro país, a quien recordamos en la fecha de su nacimiento, el jueves 13.  Antes, el martes 11 recordamos al abad san Benito (489-547), padre de la vida monástica en Occidente. El viernes 14 se puede recordar a san Camilo de Lelis (1550-1614), fundador de una orden religiosa dedicada al cuidado de los enfermos. Ese mismo día se puede recordar también a san Enrique II (+1024) emperador, que colaboró en los esfuerzos que en ese tiempo se hacían por reformar la vida de la Iglesia. El sábado 15 se celebra a san Buenaventura (1218-1274), franciscano, ministro general de la Orden, luego obispo y cardenal, doctor de la Iglesia. Junto con 120  mártires de la China (1648-1930), cuya memoria resulta impedida el domingo 9, nos enseñan a cargar con el yugo suave de Jesucristo.

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