Décima tercera semana del tiempo durante el año

Comentario a las celebraciones litúrgicas de la décima semana del tiempo durante el año (26 de junio al 1 de julio).
En el domingo anterior, Jesús nos invitaba a seguirlo por el camino de la cruz. Esta semana se abre mostrándonos al mismo Jesús encaminándose decididamente hacia Jerusalén, enviando por delante a mensajeros para preparar alojamiento para él y sus discípulos. Y las contradicciones que culminarán en la cruz ya se hacen presentes, al mismo tiempo que la incomprensión de los discípulos. Recordando a Elías (cf. 2 Re 1), Santiago y Juan quieren castigar con fuego del cielo a quienes no los reciben, por lo que el Maestro debe reprenderlos. Luego, tres candidatos al discipulado se ven enfrentados con las exigencias radicales del seguimiento. Jesús no viene a manifestar el poder de Dios, sino su misericordia; por eso, no tiene nada propio, ni nada que lo ate, y quien quiera seguirlo deberá ir como Él, y en el momento en que Él lo llame.  Sólo así se llega a la libertad total, que permite superar las tendencias carnales  que nos llevan a competir y destruirnos mutuamente, como lo advierte Pablo en la carta a los Gálatas.
Incluso como Iglesia debemos convertirnos constantemente a los criterios de Jesús. Los cristianos no tenemos que competir por ser más numerosos, ni más poderosos que los otros cristianos y los otros creyentes. Estamos llamados a ser servidores los unos de los otros, nos dice el mismo Pablo. Estamos llamados a cambiar el mundo cambiando su lógica, no dejándonos guiar por ella.
Durante la semana, la mesa de la Palabra nos hace escuchar a Amós el más “social” de los profetas. Él denuncia en forma vehemente y clara la ligazón entre la idolatría y la injusticia, una connivencia que sigue hasta hoy, cuando Baal ya no se llama Baal, sino millones de…pesos, dólares, euros…, y los pobres siguen siendo vendidos por un par de sandalias. En el evangelio continuamos la lectura de san Mateo, con los episodios alrededor del lago de Genesaret y la vocación de Mateo, que complementa muy bien la invitación de Jesús en el texto de Lucas que hemos leído el domingo: “Deja que los muertos entierren a sus muertos…”
En el santoral, se impone el miércoles 29 la solemnidad de San Pedro y san Pablo  (que no es festivo civil), las columnas de la Iglesia. Los preceden, el lunes 27, el obispo y padre de la Iglesia, Cirilo de Alejandría (370-444), que presidió el Concilio de Éfeso, que definió la divinidad de Jesucristo, y el martes 28 el también obispo, padre de la Iglesia y mártir san Ireneo (130-177), maestro de la fe no sólo en su tiempo, sino para los siglos siguientes. El jueves 30 se puede recordar a los primeros mártires de la Iglesia Romana en el siglo I, bajo el imperio de Nerón (año 64-65). Por último, el 2 de julio, el calendario jesuita recuerda la memoria de varios misioneros populares en las actuales Francia e Italia: Santos Bernardino Realino (+1616), Juan Francisco de Regis (+1640), Francisco de Jerónimo (+1716), con los beatos Julián Maunoir (1683) y Antonio Baldinucci (+1717). Revisar las historias de todos estos santos, desde el siglo I al XVIII, nos puede dar una visión muy alentadora, al mismo tiempo que realista, de la acción del Espíritu en la Iglesia. Porque, como dice un historiador acerca de uno de ellos, “aunque fue un santo, no todas sus acciones fueron santas”. Y otros fueron muy mal entendidos en su época, por lo que conocieron muy de cerca la cruz de Cristo.

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