Decimoctava semana del tiempo durante el año

En la Cuaresma, uno de los prefacios a la Plegaria Eucarística (el V) compara ese tiempo con el éxodo del Pueblo de Dios hacia la Tierra Prometida. Es una buena coincidencia, por lo tanto la que, en el domingo que abre esta semana, nos presenta uno de los episodios en los que el pueblo pone a prueba la paciencia de Dios, exigiéndole comida en medio del desierto. Porque podemos comparar nuestro momento eclesial con una nueva Cuaresma, tiempo de oración, paciencia y penitencia. Y en este ambiente, escuchamos a Jesús que se nos presenta como el verdadero pan del cielo: se nos ofrece para sostenernos en el camino y en la misión. El Pan que nos renueva y nos asimila a Él, para que no tengamos ya hambre de “la carne y el pan de nuestro Egipto: el dinero, el poder, “la seducción de la concupiscencia”,denunciada en la segunda lectura de este domingo. Hasta podríamos considerar una positiva coincidencia escuchar el discurso de Jesús en el capítulo 6º. de san Juan en este año de Congreso Eucarístico y en este contexto de debilidad eclesial. Porque miraremos la custodia – además de alimentarnos con el Sacramento – no como en una marcha triunfal,  sino con la actitud de quien, en medio del frío invernal, ve el sol, y se pone bajo su calor vivificante. Podemos, entonces, pedir al Señor que el Congreso nos ayude a reconocerlo a Él como “el pan de Vida” que sacia, para siempre, nuestro anhelo de sentido. Como nos propone también san Pablo, pidamos la gracia de renovarnos en lo más íntimo de nuestro ser y revistámonos “del hombre nuevo creado a imagen de Dios, en la justicia y en la verdadera santidad”.

Para que, sin desalentarnos, reconozcamos la dificultad de esta tarea, nos conviene fijarnos en la fiesta de este lunes 6: La Transfiguración del Señor. Una fiesta que nos hace contemplar al Hombre nuevo en su gloria, pero que está ligada a momentos de profunda bajeza humana: Se la fijó en el día (6 de agosto de 1547) en que llegó a Roma la noticia de la victoria de los cristianos sobre los turcos en Belgrado; y, además, casi cuatro siglos más tarde (1945), se lanzó la primera bomba atómica, sobre la ciudad japonesa de Hiroshima, donde hubo al menos 250 mil muertos. Tras estos 73 años ¿habremos aprendido algo más a escuchar al Hijo amado del Padre?

Durante la semana, se nos invita a meditar con  el libro de Jeremías: El profeta  anuncia de la restauración del Pueblo elegido, por obra del Señor, quien pondrá la Ley en los corazones de sus fieles. Con el exilio y la destrucción del Santuario Israel vive un proceso de purificación del que también es testigo el profeta Habacuc, contemporáneo de Jeremías. En cuanto al Evangelio de san Mateo, en esta semana nos hace seguir a Jesús precisamente en los días posteriores a la multiplicación de los panes: Lo veremos manifestando su gloria a los discípulos, al mismo tiempo que anunciando el camino de la cruz. Algo que sus discípulos no logran entender.

  Como a nosotros también nos cuesta seguir a Jesús, podemos contemplar la obra de Dios en una variada serie de testigos: El martes 7 podemos recordar a S. Sixto II, papa y sus compañeros mártires (+258) o a S. Cayetano de Thiene, pbro., fundador de los Teatinos (+1547); el miércoles 8 recordamos a S. Domingo de Guzmán (+1221) fundador de la Orden de Predicadores. El jueves 9 se recuerda  a Sta. Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein),  carmelita  martirizada en Auschwitz (1942). El viernes 10 se celebra la fiesta del diácono y mártir S. Lorenzo (+258), patrono de los diáconos y de los mineros, y el sábado 11, la memoria de Sta. Clara de Asís (+1253), primera religiosa de la numerosa familia  franciscana. En sus personas podemos reconocer que es posible revestirse o, mejor dicho, ser revestidxs“del hombre nuevo”.

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