Despiden con gratitud por su sencillez y amistad al P. Hubert Daubechies SJ

Rodeado de sus seres queridos, de sus compañeros jesuitas y de quienes lo cuidaron durante estos últimos años, esta tarde se realizó en el Templo San Ignacio la eucaristía de funeral del padre Hubert Daubechies SJ. El sacerdote falleció a los 95 años el pasado sábado 11 de agosto. Al finalizar la misa, sus restos fueron llevados al cementerio de la Compañía de Jesús en Padre Hurtado.
La ceremonia fue presidida por el Socio, Roberto Saldías SJ, quien al comenzar el encuentro lo recordó con gran cariño, como “un hombre conversador, amistoso, muy cordial, patiperro”. Al día siguiente de su muerte, Saldías comentó que su única hermana viva en Bélgica le escribió: “Les agradezco por el cariño con el que rodearon a mi hermano durante toda su vida, especialmente el cariño que mostraron los últimos 10 años en la Residencia San Ignacio”.
Hubert nació en Bélgica el 4 de diciembre de 1922 e ingresó a la Compañía de Jesús 20 años después. Fue ordenado sacerdote el 29 de julio de 1953 en España y se vino a vivir a Chile en la década de los 50. Comenzó aquí su labor como profesor del Colegio San Ignacio, y su afición por la escritura y las comunicaciones lo llevaron a ser por 20 años secretario de redacción de la Revista Mensaje. En 1978, el padre Daubechies fue enviado al lugar que le robó su corazón: Chuquicamata. En 1983 volvió a Santiago, a la Parroquia Jesús Obrero, y cinco años más tarde partió otra vez al norte, donde estuvo hasta 2006. Por motivos de salud, desde 2007 vivía en la Residencia San Ignacio, donde se dedicó a traducir textos del Padre Hurtado al francés.
Durante la homilía, hecha por su amigo y compañero Juan Ochagavía SJ, señaló que “somos muchos los que hemos gozado de su amistad, tan sencilla, tan cercana y tan cordial. Era como un niño en cierta manera. Lo llamábamos Dobi porque era más sencillo de pronunciar que Daubechies, él siempre quería quitar barreras y acercarnos”. El jesuita también destacó “su sencillez, cordialidad y deseos de ayudar a las familias. Su maravilloso don de conocer gente y hacer amigos. Le gustaba conversar, saber de todos y ayudar. Se adelantó mucho cuando el Papa Francisco nos pide ser una Iglesia en salida, porque Dobi se la pasaba saliendo a ver gente”.
Al finalizar la liturgia, el Socio leyó un extracto de un texto que el padre Daubechies había escrito para sus 50 años de sacerdocio: “Cuando llegué a Chile altiro me sentí como pez en el agua. Nunca había conocido una Iglesia y una Provincia de jesuitas donde reinaba tal ambiente de amistad. Dirigida por superiores tan cercanos a sus súbditos, mucho más compañeros y padres que superiores. Se podía conversar sin tapujos con ellos y con todos por la confianza que todos sentíamos”.
Luego de leer estas palabras, el padre Saldías pidió al Señor que nos regale esa sencillez, libertad y cercanía de Hubert Daubechies en este momento difícil y doloroso que vivimos como Iglesia.
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