Con dolor recibimos la noticia comunicada por la Comunidad de La Minga del fallecimiento del padre Mariano Puga. El comunicado dado a conocer a las 2.00 horas de la madrugada informó que su muerte se debió al cáncer linfático que lo había afectado durante los últimos años.

El sacerdote diocesano fue un ejemplo para nuestra sociedad por su lucha incansable por la defensa de los Derechos Humanos y la búsqueda de la dignidad de los más pobres durante toda su vida.

Al igual que su amigo, el padre Pepe Aldunate SJ, y San Ignacio, decidió dar un giro a su vida vaciando su propia riqueza para identificarse hasta la médula con el pobre, el desvalido y el torturado tomando como compromiso terminar con las desigualdades palpables de Chile. Ese ímpetu lo llevó a transformarse en cura obrero y un fiel seguidor del ejemplo de Jesucristo en la tierra, tomando como banderas de lucha la defensa de valores como la sencillez, la cercanía y la dignidad.

Espejo en Cristo que ocupó para con valentía enfrentar la Dictadura Militar sufriendo arrestos y vejámenes en los centros de detención y tortura de Villa Grimaldi y Tres Álamos; apremios que lejos de amilanarlo ayudaron a hacer más fuerte una predica que dejaría huella en las calles; improvisadas misas en casas y pequeñas parroquias de la Población La Legua, Villa Francia, Pudahuel, Chiloé; y hasta sus últimos días en las protestas por un mejor país en el estallido social.

“¿De qué vale la fe si no tiene obras?” (St 2, 14), ¿Con qué Cristo comulgamos?” Nos dijo en su última carta antes de partir publicada en el Comité de Defensa y Promoción de DD.HH. de La Legua, reafirmando su compromiso con los Derechos Humanos y con los familiares de “asesinados, presos políticos, enceguecidos, callados y encarcelados producto de la protesta social desde el 18 de octubre hasta ahora”.

Guiado por el Espíritu Santo se despide de las calles donde enfrentó la injusticia y frenó la violencia. Ahora parte al encuentro de Dios, de su amigo Pepe Aldunate, y de tantos otros “curas pobres y obreros” , cuya pastoral y sacerdocio están grabados en la memoria y corazón de Chile. Sus feligreses seguiremos homenajeándolos, a la espera de poder cumplir con el ejemplo que nos dejaron.

Mira la carta de despedida que escribió Gabriel Roblero SJ. Provincial de la Compañía de Jesús en Chile:

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