Encuentro con el Cristo Pobre en el Santuario de San Alberto Hurtado

Desde las 16:00 hrs. del martes 16 de enero de 2018, el ambiente se empezó a preparar para recibir al Santo Padre en Estación Central. Con la camioneta verde del Padre Hurtado, el escenario del frontis del Santuario se animaba con el canto de Américo y la coreografía de Yamna Lobos y Guillermo Aránguiz.

Allí se transmitió, a través de una pantalla gigante, la visita de Francisco al Centro Penitenciario Femenino. Después, el Pontífice se dirigió a la Catedral de Santiago, al encuentro con los sacerdotes, religiosos y seminaristas. También se reunió con los obispos en la sacristía del lugar. Al finalizar esta reunión se dirigió al Santuario del Padre Hurtado.
Al llegar a bordo del papamóvil, la gente lo recibió con entusiasmo. El Santo Padre se bajó a bendecir la camioneta verde del Padre Hurtado, y el animador, Juan Pablo Queraltó, aprovechó de preguntar: “¿Qué le diría al pueblo chileno a su llegada a este lugar?”, a lo que Francisco respondió: “¡Qué no pierdan la alegría!”.

Ya dentro del Santuario, se dirigió a la tumba del Padre Hurtado, al encuentro privado con los jesuitas. Luego de este, tendría lugar el llamado Encuentro con el Cristo Pobre, donde 400 personas del Hogar de Cristo y otras instituciones del país esperaban para recibirlo.

Entre ellos habían personas que de alguna manera han vivido la pobreza y la exclusión de la sociedad. Delante de las Cruces de las Virtudes, estaban adultos mayores, enfermos, gente con capacidades diferentes, migrantes y refugiados. Sobre la explanada, lo esperaban 28 personas representantes de estas realidades.

El Capellán del Hogar de Cristo, Pablo Walker SJ, le dio la bienvenida a Francisco. En nombre de los presentes, Lilian López, pobladora de Puente Alto, también dirigió unas palabras. Hacia el final, el Papa bendijo las mil sopaipillas cocinadas por Sonia Castro y que se repartieron entre todos los presentes: “Bendiga el Señor el corazón de todos nosotros, y esto que compartimos, enseñe también a compartir la vida y después el cielo”.
Fotografías: Guillermo Alessandri. 

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