El Papa Francisco lanzará en diciembre su libro “Soñemos Juntos”, coescrito con el periodista Austen Ivereigh. Un documento que el Sumo Pontífice se dedicó a escribir durante el confinamiento por el Covid-19 y aborda una visión del mundo planteada a partir de la problemática sanitaria que se generó en el planeta. Además, arremete contra medios «que se dicen católicos y pregonan estar salvando a la Iglesia de sí misma».

No al «victimismo» ni a los «curas y laicos que hicieron del confinamiento y las restricciones por el coronavirus «una batalla cultural cuando en realidad se trataba de garantizar y proteger toda vida». El Papa Francisco arremete contra los que, desde la política, los medios de comunicación y la Iglesia, han utilizado la pandemia para generar discursos de odio y exclusión.

«Se trata de gente que es víctima solo en su imaginación», afirma el Pontífice en ‘Soñemos juntos’, resultado de sus conversaciones durante el confinamiento con el periodista Austen Ivereigh, y que se publicará el próximo 3 de diciembre (en España, Plaza y Janés).

En el volumen, Bergoglio denuncia cómo algunos medios de comunicación, y líderes políticos, han usado esta crisis «para persuadir a la gente de que los culpables son los extranjeros», que la enfermedad de la Covid-19 es un «pequeño resfriado» o que las disposiciones sanitarias «son una exigencia injusta de un Estado intrusivo».

Política y periodismo corruptos

«Hay políticos que venden estas narrativas para beneficio propio. Pero no podrían salirse con la suya si algunos medios no las divulgaran», señala el Papa, que también señala a «ciertos medios que se dicen católicos y pregonan estar salvando a la Iglesia de sí misma».

«El periodismo que reacomoda los hechos para defender una ideología de réditos económicos es un periodismo corrupto que desgasta el tejido social», critica el Papa.

De este modo, arremete contra el «victimismo» que han evidenciado algunas de las protestas durante la crisis del coronavirus. Así se ha referido a los que reclaman, por ejemplo, que estar obligados a usar la mascarilla «es una imposición injustificada del Estado», y «se olvidan y son indiferentes frente a todos aquellos que, por ejemplo, no cuentan con un seguro social o perdieron su trabajo.

Gente que es víctima solo en su imaginación

«Se trata de gente que es víctima solo en su imaginación», remacha el Papa. «Algunos grupos protestaron, se negaron a mantener la distancia, marcharon en contra de las restricciones de viaje, ¡como si estas medidas constituyeran un ataque político a la autonomía o a la libertad individual! La búsqueda del bien común es mucho más que la suma de los bienes individuales», añade.

El Papa denuncia también que en la Iglesia hubo ejemplos de esta misma manera de pensar. «Algunos curas y laicos han dado el mal ejemplo perdiendo el sentido de solidaridad y fraternidad con el resto de sus hermanos. Hicieron de esto una batalla cultural cuando en realidad se trataba de garantizar y proteger toda vida«, asegura.

Aborto, eutanasia y contaminación

«Si pensás que el aborto, la eutanasia y la pena de muerte son aceptables, a tu corazón le va a resultar difícil preocuparse por la contaminación de los ríos y la destrucción de la selva. Y lo inverso también es cierto», añade Bergoglio, quien advierte que estas problemáticas «no son problemas de un orden moral distinto» en el libro, donde subraya que «mientras se insista en que el aborto está justificado, pero no la desertificación, o que la eutanasia está mal, pero la contaminación de los ríos es el precio del progreso económico», el mundo seguirá «estancado en la misma falta de integridad».

Una Iglesia viva, y una ecología integral

Si bien, destaca que durante la pandemia ha visto «a la Iglesia viva» y «fue un testimonio extraordinario». «Como muchos sacerdotes no podían celebrar la Misa con sus comunidades, varios salieron a visitar hogares desde las ventanas para cuidar a su rebaño o ejercieron su apostolado por teléfono para no perder la cercanía con la gente. Algunos se animaron a realizarle las compras a las personas ancianas que no podían salir», evidencia.

Asimismo, detalla cómo empezó a gestarse en él su conciencia de la ecología integral y defiende que se trata de «una conciencia» y «no una ideología». «Empecé a ver la unidad entre la ecología y lo humano, y cómo el destino de la humanidad está unido inseparablemente al destino de nuestra casa común», subraya. De este modo advierte contra los movimientos que «transforman la vivencia ecológica en ideología».

Por otro lado, el Pontífice arremete contra el «cáncer del clericalismo» en la Iglesia que se pone en práctica cuando uno por ser cura se siente «con derechos sobre los demás» y que es una «perversión de la vocación».

No más abuso sexual ni de poder

En otro pasaje del libro también hace referencia al «dolor y vergüenza» de los abusos sexuales. «En los últimos años dimos pasos importantes para erradicar los abusos y construir una cultura del cuidado que responda con celeridad ante toda denuncia. Crear una cultura del cuidado llevará tiempo, pero es un compromiso ineludible en el que debemos empeñarnos con todas nuestras fuerzas. No más abuso sexual, de poder y conciencia dentro y fuera de la Iglesia», incide.

Francisco también insta a no repetir los errores de la crisis financiera de 2008, «cuando los gobiernos gastaron miles de millones de dólares para rescatar a los bancos y las entidades financieras, y la gente tuvo que bancarse una década de austeridad».

«Si la opción es entre salvar vidas o salvar el sistema financiero, ¿qué vamos a elegir? Y, si vamos de camino a una recesión global, ¿adaptaremos la economía a las necesidades de la gente y la creación o los seguiremos sacrificando para mantener el statu quo?», plantea. Finalmente, el Papa destaca «la necesidad de aumentar drásticamente el liderazgo de las mujeres en la Iglesia y en toda la sociedad».

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