Desde su hogar en Puerto Montt, Pablo Escobar SJ, hermano jesuita, médico, contesta la video-llamada de Vocaciones Jesuitas para dialogar durante más de media hora.

En medio de la crisis sanitaria que vivimos por la propagación del Covid-19, apelar a la tecnología para mantener una conversación empieza a resultarnos natural. Los hábitos han cambiado y gran parte de la población mundial se ha visto obligada a permanecer en casa. No es el caso de Pablo, quien en su rol de médico debe seguir yendo al consultorio en el que trabaja. Aclara, eso sí, que no le toca estar “en la primera línea”. Lo suyo son las consultas. De todas formas, afronta esta entrevista con sus dos vocaciones, la religiosa y la médica, encendidas.

Así, nos comentará cómo la crisis ha interpelado su fe, cuáles son sus proyecciones para los tiempos que se avecinan tras la pandemia y el rol que deben jugar los jesuitas hoy desde el confinamiento en sus hogares, entre muchas otros temas.

En medio de este contexto crítico, ¿cómo se han removido tus vocaciones?

Siempre he llevado ambas vocaciones de manera independiente, por carriles distintos. Sin embargo, creo que se potencian y se interrelacionan una con otra. En lo cotidiano, uno se siente más requerido en la parte médica, porque en estos momentos tiene que dar respuestas más prácticas. Sin embargo, al momento del examen personal en la noche o en los momentos de misa con la comunidad uno va viendo cómo hacer la parte contemplativa en la acción, por así decirlo. Tiendo a caer en la cuenta de que también mi ser religioso ha estado requerido también.

Encender la televisión o revisar las redes sociales por estos días hace inevitable encontrarse con noticias dolorosas, ¿has sentido que todo esto ha interpelado tu fe?

Sí, por un lado, me siento interpelado. Es una cosa fluctuante, a veces uno está más animado y más esperanzado y a veces uno está más pesimista. Y uno se engancha a distintos tipos de pregunta dependiendo del estado espiritual en que uno esté. A veces uno engancha con sus cosas más personales, requiriendo a Dios de por qué este tipo de situaciones se experimentan. Son evidentes todas las cosas negativas que tiene la crisis sanitaria, como el tema de las muertes, pero también trae cosas positivas. Uno no puede dejar de reconocer que hay presencia de Dios en todo lo que está pasando.

¿En qué situaciones ves a Dios? ¿Cómo se encuentra a Jesús en medio de la catástrofe?

Hay varias cosas. Primero, empieza a rondar esa pregunta sobre qué tipo de vida queremos después de esta crisis. También se ha evidenciado un cambio climático, ambiental. Se ha visto a mucha gente que es signo de Dios. Los más visibles han estado en el área de la salud, con muchos profesionales que han arriesgado su vida, pero hay muchas personas en que uno ha podido presenciar una presencia de Dios muy notable. También veo invitaciones de Jesús. Hay mucha gente que está preocupada más allá de la salud, hay temas de trabajo, por ejemplo. Yo pienso que Jesús está con ellos y la invitación que nos hace es a estar con ellos también. Porque claro, uno se cuestiona que a nosotros como jesuitas la crisis no nos afecta tanto. Yo no tengo hijos ni una familia que mantener, tengo poco riesgo de perder mi trabajo, entonces estamos invitados a estar y sentir con la gente.

Hay quienes creen que una vez que esta pandemia quede en el pasado seremos una “mejor sociedad”, ¿qué esperas del futuro?

Me cuesta vislumbrarlo. Después de la crisis, cuando se maneje el tema más sanitario y de salud, vendrá un tema económico fuerte y esta crisis nos acompañará por largo tiempo. Se transformará en un tema social, sobre todo insertado con lo que hemos vivido últimamente en el país. Espero que, finalmente, nos haga llevar una vida más modesta, más sobria. Y bueno, si las cuarentenas en los hogares se logran sobrellevar con un buen clima, es una posibilidad para volver a reencontrar los lazos comunitarios. He ido pasando por etapas en que digo “vamos a estar igual que antes o peor” y hay otras en que pienso que sí vamos a sacar lecciones de esto.

¿Y qué lecciones crees que se pueden ir sacando en limpio? Entendiendo que estamos en una fase preliminar de la crisis…

Por lo pronto, una lección importante es el ejercicio de no imponer mis deseos particulares por sobre lo comunitario. Poco a poco la gente ha ido tomando conciencia de lo importante que es seguir en comunidad las medidas sanitarias que permitan evitar contagios. Y bueno, aunque es más personal, se evidencia que, al pasar más tiempo en casa, muchos se han replanteado su modo de vida. Mucha gente ha vuelto a rezar en familia. Afortunadamente se han puesto algunos medios para celebrar la fe en la casa. Y algo que a mí me impacta mucho es cómo ha cambiado el tema de la emanación de gases, del impacto ambiental. Obviamente no hay cambios que permitan revertir lo que ya hemos hecho, pero es interesante cómo rápidamente se han ido percibiendo cambios que alientan a hacerse preguntas sobre el tema.

Tú has tenido que seguir trabajando, pero la gran parte de la población y muchos de tus compañeros jesuitas han tenido que permanecer en sus casas, ¿cómo podemos transformar el confinamiento en algo positivo? ¿Cómo podemos aprovecharlo?

Hay personalidades que sufren más con el encierro que otras. Sobre todo las más activas, que no son pocas dentro de la Compañía y de la Provincia (risas). Yo soy del otro frente, soy más casero. Una de las cosas que uno tiene que hacer es un ejercicio de desprendimiento, porque si vas a luchar contra la cuarentena todo el tiempo no vas a poder sacar ningún provecho. Uno tiene que asumir el encierro e integrarlo. Y bueno, una vez logrado eso, por antonomasia el tema de recluirse y de la soledad propicia un espacio más favorable para encontrarse con Dios. No es el único, pero está dentro de nuestra misma espiritualidad el tema de los Ejercicios Espirituales. Obviamente el encuentro con Dios no se da solamente encerrado entre cuatro paredes rezando, pero sí facilita mucho esta instancia, sobre todo para a quienes les cuesta hacerse un espacio para eso.

Uno asocia la vocación jesuita a la misión, al estar presente en lugares, a estar movimiento. En un contexto que los obliga a estar recluidos, ¿cómo pueden seguir aportando desde su ser religioso?

Es cierto que el jesuita está hecho para la misión y tú hablas del movimiento físico, pero el movimiento se vive primero espiritualmente. El movimiento exterior es resultado del movimiento interior y, por tanto, aunque el movimiento exterior está de alguna manera limitado, lo que a mí me preocuparía sería ver a un jesuita sin movimiento interior. Mientras exista movimiento interior se puede ayudar y la manera que a mí se me ocurre es uno de los grandes ministerios o modos de obrar de la Compañía que es el acompañamiento. Muchos nos jactamos del tema del acompañamiento y yo creo que precisamente esto es lo que se nos pide ahora. Hoy tenemos tecnología y cuando se ocupa bien es una gran aliada, pese a que nunca será lo mismo que estar frente a frente. Hoy, lo que nos toca, es acompañar. Después, cuando haya que salir, pues saldremos con la gente.

Mencionaste que llevas por carriles distintos la vocación jesuita y la médica, ¿cómo has logrado conciliar el mundo espiritual con el científico?

Ser hermano jesuita es como una vocación dentro de la vocación, un llamado dentro del llamado. Y de por sí tiene ciertas tensiones que hacen que uno tenga que ser lo suficientemente versátil. También hay que tener harto de espíritu para entender que en la mayoría de los lugares no termina de comprenderse del todo la figura de hermano jesuita o de médico jesuita. En el consultorio no soy el médico habitual, a veces tengo criterios distintos y no cumplo con el estereotipo. Y por otro lado, en el colegio en que trabajo los chicos y la gente no me termina de ver como el resto de los jesuitas porque trabajo en un consultorio y porque no hago misa. Cuando le conté a un hermano jesuita argentino que había elegido esta vocación lo primero que me dijo fue “bienvenido a algo que solo tú y Dios saben de qué se trata”. Y tiene algo de eso, pero el tema es que, si uno siente que las piezas encajan, que está en el lugar adecuado, que es su identidad, su vocación, entonces está todo bien. Poco a poco la gente va entendiendo lo que es un hermano.

Fuente: Vocaciones Jesuitas

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