18ª. Semana del tiempo durante el año

Comentario a las lecturas de la liturgia desde el domingo 4 al sábado 10 de agosto.

Hemos comenzado en Chile el Mes de la Solidaridad, centrado en la figura de San Alberto Hurtado, que sigue recordándonos que “el Pobre es Cristo”. Puede ayudarnos, como disposición inicial, la liturgia de la Palabra en este domingo  que denuncia la vanidad de aquello en lo que ponemos muchas veces nuestra confianza. Así la carta de Pablo a los Colosenses complementa al Evangelio y al Qohélet al recordarnos que hemos muerto con Cristo, y que nuestra manera de pensar y de vivir han de ser las de Cristo: “celestiales” porque hemos de hacer presente en esta tierra nuestra el amor que procede de Dios. Acabando de celebrar a san Ignacio, nos encontramos de frente con una invitación radical a pedir la gracia de la ‘indiferencia’. Confiar en las riquezas es una necedad, nos enseña Jesús;  con el Eclesiastés podríamos decir: “Vanidad de vanidades; todo es vanidad”. En nada ni en nadie podemos poner nuestra confianza: Sólo en la Palabra de Amor que Dios nos ha dirigido en Jesucristo.

Durante la semana, la Mesa de la Palabra nos hará acompañar al Pueblo judío en su peregrinaje hacia la Tierra Prometida. Nos encontramos con los episodios que ponen a prueba la paciencia de Dios, de manera que el texto de Deuteronomio 4 que escuchamos el viernes parece resumir la semana: “Pregúntale al tiempo pasado (…) qué dios intentó venir a tomar para sí una nación…” Por su parte en el Evangelio seguimos a Jesús, junto a sus discípulos, en los días posteriores a la multiplicación de los panes. Tras manifestarles su gloria, Jesús les invita a seguirlo por el camino de la cruz. Algo ininteligible para ellos, como lo demuestra el duro diálogo con Pedro, aunque nosotros no podemos presumir de haberlo entendido y aceptado de mejor manera.

En el santoral, el lunes 5 celebramos la Dedicación de la Basílica de Santa María la Mayor, erigida en Roma tras el Concilio de Éfeso (año 431) que fue celebrado como el triunfo de la Theotokos (=”Madre de Dios”)que, en el fondo, era la reafirmación rotunda de la divinidad de Jesucristo. Es la basílica que el Papa Francisco visita al salir y al volver de sus viajes apostólicos.

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Basílica de Santa María la Mayor, en Roma.

Más importante es la celebración, el martes 6, de la fiesta de la Transfiguración del Señor: contemplamos la gloria del Rey de la Paz, paradójicamente, en el aniversario del día (6 de agosto de 1547) en que en Roma se supo del triunfo del ejército cristiano contra el ejército turco que asediaba a Belgrado, coincidente, desde 1945, con el trágico aniversario del lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima. Parece que a los seres humanos nos resulta casi imposible escuchar al Hijo amado del Padre. El miércoles  7 podemos recordar a san Sixto II, papa y sus compañeros mártires (+258) o a san Cayetano de Thiene, presbítero, fundador de los Teatinos (+1547); el 8 recordamos a santo Domingo de Guzmán (+1221) fundador de la Orden de Predicadores, e inspirador de otros institutos de vida apostólica; el 9 podemos celebrar a santa Edith Stein, bautizada y hecha carmelita como Teresa Benedicta de la Cruz y martirizada en Auschwitz (1942). El sábado 10 se celebra la fiesta del diácono y mártir san Lorenzo (+258), patrono de los diáconos y de los mineros. Y no nos olvidemos, el domingo 4, de orar por los curas párrocos en el día del sanJuan María Vianney (1786-1859), cura de Ars.[1]

JMA, SJ.


[1][1] Aunque nuestros comunicadores usan la palabra “cura” como ‘descalificativo’, en la Iglesia los curas son sólo los párrocos, a quienes se encarga la ‘cura’ (=cuidado) de una comunidad. No todo presbítero es ‘cura’. 

Liturgista amateur y colaborador frecuente del sitio Jesuitas Chile. Da Ejercicios Espirituales y forma parte del equipo del Centro de Espiritualidad Ignaciana. Consultor del Arzobispado, de la Conferencia Episcopal y de la Santa Sede en temas de ecumenismo y diálogo interreligioso.

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