20ª. Semana del tiempo durante el año

Comentario a las lecturas de la liturgia desde el domingo 18 al sábado 24 de agosto.

Podemos decir que esta semana se abre con una feliz coincidencia: celebramos la memoria de san Alberto Hurtado, culminación de nuestro Mes de la Solidaridad. En su Santuario y en las iglesias que lo tengan como titular, la celebración litúrgica puede llegar a tener el carácter de “solemnidad”, con lecturas propias en la Liturgia de la Palabra. Lecturas que destacan el aspecto caritativo asistencial de la obra más popularmente conocida del Padre Hurtado. Pero en otros oratorios e iglesias, la memoria del Padre puede limitarse a mencionarlo en la plegaria eucarística y recordarlo en la homilía o en la oración universal. Sin embargo, la Mesa de la Palabra del domingo, parece invitarnos a no olvidar que la solidaridad no se limita a lo asistencial. Lo dijo el mismo Padre Hurtado, cuando presentó el “Hogar de Cristo”. Él siguió trabajando: se comprometió en el trabajo sindical , y luego, para promover la reflexión y el diálogo sobre las consecuencias del Evangelio en la vida de la sociedad, creó la revista Mensaje. Por eso, para muchos de sus contemporáneos fue una figura conflictiva, como lo fue el profeta Jeremías. Ya lo había sido, antes de crear el Hogar de Cristo, cuando debió renunciar a ser capellán de la rama juvenil de la Acción Católica. En todos esos campos se mostró –en palabras del Venerable, obispo Francisco Valdés (1908-1982) – como “un fuego que enciende otros fuegos”. El P. Hurtado fue, en nuestro país, un ejemplo de ese fuego que Jesús vino a traer sobre la tierra, y que el mismo Jesús describe como causa de división, hasta en las familias.

No se trata de provocar el conflicto: se trata de ser coherentes con el Evangelio de Jesús, sin temor a los malentendidos… Algo de lo que el P. Hurtado fue un buen ejemplo. Quienes lo conocieron han dado testimonio de que era muy sensible a las críticas y a los ataques. Pero eso no lo hizo abandonar el trabajo que le parecía necesario para dar testimonio de Jesucristo, “el que inicia y consuma nuestra fe”, a quien debemos tener siempre presente, como nos enseña la carta a los Hebreos.

Durante la semana, seguiremos contemplando cómo Dios guía e instala a su pueblo en la Tierra Prometida, imagen de la patria celestial. Tras un par de escenas del libro de Josué en la semana pasada, ahora nos asomamos al libro de los Jueces: Un libro tironeado entre la necesidad de que haya un rey en Israel, para que las cosas estén mejor ordenadas y la conciencia de que el único rey es Dios: La semana termina llevándonos al libro de Rut, de universalidad “escandalosa”: La pertenencia al pueblo judío la da la madre; pero  el Señor se prepara un rey trayendo a una moabita para abuela de David. Por su parte, los textos evangélicos nos hablan de la necesidad de liberarnos de ataduras particulares, para entrar en el Reino: Hay que dejarlo todo y reconocer que todo el Reino es regalo, no salario alcanzado con nuestras propias fuerzas. Por eso, toda la Ley se resume en  amar a Dios y al prójimo.

El santoral de la semana nos ofrece la posibilidad de recordar el lunes 19 a san Juan Eudes  (1601-1680), fundador de una congregación de Jesús y María dedicada, sobre todo, a la formación sacerdotal. El 20 se recuerda a san Bernardo de Clairvaux (Claraval), figura relevante de la Iglesia en la primera mitad del siglo XII (1090-1153), contribuyó a la renovación de la vida monástica. El 21 se recuerda a san Pío X, nacido en 1835, papa entre 1903 y 1914, un buen pastor, pero no buen político. El 22 se celebra la memoria de la Virgen María Reina, para que recordemos la solemnidad de la Asunción, a los ocho días de su celebración. Por último, el 24 se celebra la fiesta del apóstol san Bartolomé, el mismo Natanael, invitado a ser discípulo de Jesús por el apóstol Felipe. Según tradiciones, habría predicado el Evangelio en la India, Irán, Irak y Armenia, donde habría padecido el martirio el año 71. Dado que en 1572 en vísperas de esta fecha se dio inicio a uno de los episodios más sangrientos de las guerras de religión en Francia, es un día para orar para que el Señor nos ayude a los cristianos a hacer realidad su deseo de que seamos uno. Algo por lo que hay que trabajar también sin descanso y sin miedo.