21ª. Semana del Tiempo durante el año

Comentario a las lecturas de la liturgia desde el domingo 25 al sábado 31 de agosto.

El evangelio del domingo que abre esta semana, podemos escucharlo como un relato ‘histórico’ en el sentido nuestro, y pensar que se refiere a los judíos contemporáneos de Jesús, a quienes Él les advierte que se quedarán
fuera del Banquete del Reino, al fin de la Historia, si no se esfuerzan por superar las dificultades inherentes a seguirlo. Pero entenderlo así implica olvidar que en cada Eucaristía comemos y bebemos con Él. De manera que la invitación a entrar por la puerta
estrecha es, en primer lugar, para nosotros que, al menos cada domingo, hemos compartido la mesa de la Palabra y la de la Eucaristía, escuchando el anuncio: “dichosos los invitados a la Cena del Señor”. Somos nosotros los que corremos el riesgo de ser
expulsados con las palabras: “Apártense de mí, malvados”. Un riesgo que ya denunciaba san Pablo a los corintios (1 Co. 11,29):
“quien come y bebe sin discernir el cuerpo, come y bebe su propio castigo”. 
No es, entonces, la cantidad de prácticas sacramentales o piadosas la que nos asegura la admisión a la Mesa Celestial, sino el haber aceptado la corrección de nuestro Padre, como nos señala la carta a los Hebreos, en la segunda lectura de este domingo: una
corrección que nos hace salir de nuestras comodidades y egoísmo, para vivir de manera que nuestra vida ya anuncie la fiesta final, que describe el profeta Isaías en la primera lectura. Así proclamaremos el amor y la fidelidad del Señor, como nos pide el salmo
responsorial de este domingo.

Nuestro presente como Iglesia nos llama, entonces, a discernir cómo nos llama el Señor a corregir nuestra manera de vivir para que podamos recibir los frutos de paz y justicia que nos promete la carta a los Hebreos.

El leccionario ferial termina esta semana su recorrido por el evangelio de san Mateo. En las invectivas de Jesús contra los escribas y fariseos se percibe la dureza del conflicto que lo enfrenta con ellos y su esfuerzo constante y fiel por lograr su conversión. Si la comunidad cristiana conservó estas palabras del Maestro, fue porque desde muy temprano en la vida de ella misma se percibió al fariseísmo (observancia externa y abusos de poder) como una de sus más peligrosas tentaciones. Hacia el fin de la semana, Jesús nos anunciará el Juicio inminente, invitándonos a estar preparados y a dar frutos, administrando bien los dones que hemos recibido.

Como primera lectura en la semana se nos ofrece el primero de los escritos del Nuevo Testamento: La primera carta de san Pablo a los cristianos de Tesalónica (hacia el año 50) una invitación a volver al amor primero, que, en su tono positivo y cariñoso, resulta ser un modelo de invitación pastoral a la conversión. Ojalá a nosotros y a nuestras comunidades se nos pudiera decir: “Dios mismo les ha enseñado a amarse los unos a los otros,  y ya lo están haciendo” (1 Tes. 4,9-10).

  En el santoral de la semana, el domingo 25 resultan impedidas las memorias de san Luis (+1270), rey de Francia, (quien guió las últimas dos Cruzadas para recuperar el Santo Sepulcro y murió cerca de Túnez) y de  san José de Calasanz, fundador e inspirador de los Escolapios y Escolapias (+1648). El 26 puede recordarse a Ceferino Namuncurá (+1905), beatificado en el año 2007. El 27 a santa Mónica (+387), madre de san Agustín (+ 430), obispo de Hipona (África) y Padre de la Iglesia, a quien se celebra, a su vez, el miércoles 28. Es patrono de la diócesis y ciudad de Talca. El jueves 29 se celebra la memoria del Martirio de San Juan Bautista, y el 30, en América Latina celebramos a nuestra Patrona, santa Rosa de Lima (1586-1617), laica de espiritualidad dominica. El 31 se puede recordar a san Ramón Nonato (+1240), mercedario, patrono de las matronas. Es una variada muestra de quienes han sabido elegir la puerta angosta.

Liturgista amateur y colaborador frecuente del sitio Jesuitas Chile. Da Ejercicios Espirituales y forma parte del equipo del Centro de Espiritualidad Ignaciana. Consultor del Arzobispado, de la Conferencia Episcopal y de la Santa Sede en temas de ecumenismo y diálogo interreligioso.

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