23ª. Semana del Tiempo durante el Año

Comentario a las lecturas de la liturgia desde el domingo 8 al sábado 14 de septiembre.

¿Quién puede hacerse una idea de lo que quiere el Señor?, nos pregunta el libro de la Sabiduría. Una pregunta que nos resulta quemante en la situación actual de la Iglesia, especialmente por los pecados y crímenes de miembros de ella, que mirábamos como ejemplos de vida cristiana. Hacemos, entonces, más nuestra la petición implícita en el texto que abre la liturgia de la Palabra: ¿Quién habría conocido tu voluntad si Tú mismo no hubieras dado la Sabiduría y enviado desde lo alto tu santo espíritu? No basta con buenas intenciones y largas deliberaciones, si no dedicamos tiempo y lugar para pedir y acoger la acción del Espíritu sobre quienes, desde nuestro Bautismo hemos sido incorporados a Cristo, Sacerdote, Profeta y Rey. Y el mismo Jesús nos indica, en este domingo qué debemos hacer: Amarlo a Él, por encima de todo, por encima de cualquier amor humano, y tomar nuestra cruz y seguirlo. Cargar la cruz significa reconocer que somos invitados a desprendernos de todo lo que nos ata, para imitar a Jesús en ser hombres-y-mujeres-para-los-demás. Esto es, preguntar, no qué deben hacer los otros, sino qué debemos hacer nosotros para renovar nuestra vida eclesial, para hacernos auténticos testigos del Evangelio, en nuestra vida personal y social.

La tarea es urgente, y permanente, porque implica renovar estructuras personales y sociales. Como tuvo que hacer Filemón, cuando su esclavo fugitivo Onésimo volvió a casa con una carta de su amigo y maestro,  Pablo, que le encargaba recibirlo “como un hermano querido”.  Diecinueve siglos después de la carta a Filemón, aún había cristianos y cristianas que poseían esclavos y esclavas, sin ninguna inquietud de conciencia. Y, aún hoy, la falta de justicia en nuestro mundo produce y encubre situaciones de auténtica esclavitud. Tenemos que hacer nuestra la oración del sabio y pedir el Espíritu del Señor para que podamos reconocer lo que a Él le agrada, y realizarlo.

Durante la semana, el evangelio de san Lucas continúa haciéndonos contemplar los comienzos del ministerio de Jesús: tras haberse revelado como quien sana y libera del poder del demonio, instituye a los Doce y comienza a prepararlos para ser evangelizadores. El sermón de la llanura, que se abre con la versión lucana de las bienaventuranzas, resume su programa. Mientras tanto, seguimos escuchando a Pablo en la carta a los Colosenses. El apóstol, ante doctrinas que comienzan a circular en la comunidad, se preocupa de la salud espiritual de sus discípulos: Tras haber proclamado la centralidad de Jesucristo, en quien reside toda Plenitud,  señala  las consecuencias de esa centralidad para la vida de los cristianos: Como cuerpo de Cristo que son, deben vivir realmente en Cristo. En los últimos días de esta semana, pasaremos a la primera carta a Timoteo, que se abre con una descripción de la misericordia de Dios para con Pablo.

A diversos testigos del Evangelio recordamos en el santoral de esta semana. El lunes 9, a san Pedro Claver, jesuita catalán (+1654), apóstol de los esclavos negros en Cartagena de Indias. En el calendario jesuita el martes 10 se puede recordar al hermano Bto. Francisco Gárate (+ 1929). El jueves 12 se puede celebrar el Santo Nombre de María.  Y el 13 se recuerda al patriarca de Constantinopla san Juan Crisóstomo (+407), que murió en el exilio por denunciar el lujo de la corte y del clero de Constantinopla.

Liturgista amateur y colaborador frecuente del sitio Jesuitas Chile. Da Ejercicios Espirituales y forma parte del equipo del Centro de Espiritualidad Ignaciana. Consultor del Arzobispado, de la Conferencia Episcopal y de la Santa Sede en temas de ecumenismo y diálogo interreligioso.

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