Declaración del presidente de la Conferencia Jesuita de África y Madagascar (JCAM) sobre el ciclón Idai

Mis pensamientos están con los cientos de miles de personas en Mozambique, Zimbabwe y Malawi que han sido afectadas por el Ciclón Idai durante la semana pasada. La devastación que ha causado esta tormenta merece la atención y el apoyo de la comunidad internacional en el proceso de reconstrucción. Me alienta el nivel de ayuda humanitaria a los países afectados.

Los jesuitas en África y Madagascar se unen al resto de África y del mundo al lamentar la pérdida, la interrupción y la destrucción de vidas y medios de vida causadas por el ciclón Idai. La magnitud de la devastación es enorme. Según los informes, el 90% de la ciudad de Beira ha sido destruida, las inundaciones han destruido aldeas enteras y se han destruido obras de infraestructura claves como carreteras, hospitales y escuelas; una escuela católica en Zimbabwe, St. Charles Lwanga en Chimanimani, fue enterrada por un alud, causando la muerte de algunos estudiantes. La devastación ha dificultado el acceso a las zonas afectadas, haciendo más difícil los esfuerzos de individuos y organizaciones por ayudar. Por lo tanto, la magnitud de la destrucción solo se va a poder determinar por completo más tarde, una vez se pueda acceder a estas comunidades.

La verdadera devastación, sin embargo, son las vidas que se han perdido. Hasta el 22 de marzo, se informa que la cifra de muertos en los tres países superó los 500. Se espera que este número aumente a medida que el agua retroceda y se descubran y recuperen más cuerpos. El Ciclón ha afectado en los tres países a cerca de 1,7 millones de personas, las cuales necesitan ayuda humanitaria.

Nosotros estamos en estrecha solidaridad con las comunidades que se han visto afectadas. Los jesuitas en Zimbabwe, Mozambique, Sudáfrica, Zambia y Malawi ya han iniciado campañas y llamados para recaudar los recursos necesarios para brindar alivio a estas comunidades. El Fondo de Ayuda Jesuita de la provincia de Zimbabwe-Mozambique ya ha logrado enviar el primer lote de ayuda que hasta ahora se ha recibido en Zimbabwe. Esto incluye ropa, alimentos no perecederos y mantas. Este lote ha sido enviado a Chimanimani, la zona más afectada de Zimbabwe, a través de la Comisión Católica para la Justicia y la Paz (CCJP) de la diócesis de esa zona. Todavía se está recogiendo más ayuda, en efectivo y en especie, en Zimbabwe y Sudáfrica y hasta desde aún más lejos.

Es alentador que los ex alumnos de las escuelas jesuitas en Zimbabwe que tienen su sede en el extranjero hayan reconocido la urgente necesidad y hayan apoyado ofreciendo donaciones en efectivo. La respuesta a la difícil situación de la gente afectada, en especial en los círculos católicos, ha sido abrumadora. Dichos momentos nos ayudan a restaurar nuestra fe en la humanidad.

Sin embargo, los desastres de este tipo no solo deben despertar nuestra simpatía hacia la humanidad, sino también nuestra simpatía hacia nuestro planeta, hacia la propia creación de Dios.

Como humanidad, debemos responder al sufrimiento de nuestro planeta. El aumento global de condiciones climáticas adversas y calamitosas es una manifestación del cambio climático, del cual somos responsables en gran medida los seres humanos. Si bien los pobres son los menos responsables del calentamiento global y la degradación del medio ambiente, son ellos quienes son los más afectados por sus efectos. Cuidar de nuestro Hogar es la manera más segura de prevenir la ocurrencia frecuente de tales desastres y de controlar la gravedad de los mismos. La humanidad debe someterse a una conversión ecológica que fue mencionada por el Papa Francisco en su encíclica sobre el medio ambiente, Laudato Si.

Aprovechemos en especial este tiempo de Cuaresma para ayudar tanto como sea posible a los necesitados en Mozambique, Zimbabwe y Malawi, como individuos, comunidades y organizaciones. Hasta los más pequeños gestos pueden generarle/traerle esperanza a aquellos que no ven ninguna razón para sentir esperanza alguna en medio de estas circunstancias.

¡Qué Dios los bendiga a todos,

Padre. A.E. Orobator, SJ

Presidente Conferencia Jesuita de África y Madagascar