Eligió su vocación por sobre el poder, honores y dinero: conoce la historia de San Luis Gonzaga patrono de la juventud

Este 21 de junio se conmemora su legado, marcado por cambiar todo por su ansiada paz y libertad. Además de por una entrega total a los más necesitados. Les dejamos su historia plasmada en el libro "Santos y Beatos de la Compañía de Jesús" escrito por el P. Jaime Correa, SJ.

La infancia de Luis Gonzaga (1568-1591) estuvo signada por su pertenencia a la nobleza. La niñez fue la propia de todo niño noble de la época feudal. Sus padres tenían grandes expectativas depositadas sobre él y tuvo a su disposición gran cantidad de servidores, una excelente educación y estuvo en contacto con los nobles y poderosos de su sociedad.

En parte debido a su educación y en parte a las visitas a los campamentos militares que frecuentaba con su padre, Luis demostraba un gusto particular por los juegos de guerra. Sin embargo, con el paso del tiempo, los intereses fueron cambiando, apareciendo cada vez más tranquilo, reflexivo y piadoso a los ojos de su padre a medida que iba creciendo.

El primer contacto del joven Luis con la Compañía de Jesús fue a los 9 años, cuando deseaba tener un confesor estable y, elige al Rector del Colegio de los jesuitas, el P. Francisco de la Torre.

A la edad de 14 años, fue nombrado, junto con su hermano Rodolfo, paje de don Diego, Príncipe de Asturias. Esto fue considerado por Don Ferrante, su padre, como un honor enorme.

Sin embargo, Luis rechazaba esta vida de lujo y opulencia. A medida que crecía, se volvía más firme en su rebeldía acerca de la formación que él mismo recibía y los valores de ese mundo de honores y dignidades en el que había nacido.

El jesuita Fernando Paternó empezó a ser su director espiritual. Es allí cuando comienza a vivir, dentro de la corte, una vida austera y modesta. Estas actitudes de parte del joven generan reacciones diversas.

Poco a poco, Luis, fue llegando a la decisión que le parecía lógica: renunciaría a todo y se haría religioso. Con profunda oración pidió a Dios que le mostrara su camino. El discernimiento terminó el 15 de agosto de 1583. Él mismo contó, más tarde, que ese día: “Una vez, cuando oraba ante el altar de Nuestra Señora del Buen Consejo, en la capilla del Colegio imperial de la Compañía de Jesús, había sentido que la Virgen le decía que entrara en la Compañía de su Hijo“.  No dudó más.

Sin embargo, el llevar a cabo esta decisión no sería fácil para el joven Luis. Si bien su madre aceptó con docilidad la vocación de su hijo, su padre se opuso terminantemente, dado que tenía depositadas en Luis expectativas diferentes, que se acercaban más a la vida de gloria, grandeza y dignidades que deseaba para sí mismo. Por esto, Don Ferrante recurrió a las más diversas autoridades políticas, eclesiales y familiares, en busca de que convencieran a Luis de cambiar la elección que había hecho para su vida.

Pero la decisión del joven era irrevocable.

Finalmente en 1585, Luis presenta su renuncia al marquesado y el 25 de noviembre de ese mismo año ingresa al Noviciado de San Andrés del Quirinal. “Este es el lugar de mi vida, aquí habitaré, yo lo elegí”.

En la Compañía de Jesús encontró lo que buscaba: paz y libertad.

Tras una feliz experiencia de noviciado, y un examen de Filosofía exitoso, el 25 de noviembre de 1587, Luis hizo los votos perpetuos de pobreza, castidad y obediencia.

Luego, Luis comenzó los estudios en Teología en el entonces Colegio Romano, cuna de la Universidad Gregoriana, donde resulta ser un alumno sobresaliente.

Al comenzar el año 1591, en Roma se desata la peste. Las grandes muchedumbres habían abandonado los campos. Por las malas cosechas y el hambre, llegaban a la ciudad. Muy pronto los hospitales estuvieron llenos. La ciudad no estaba preparada para esta demanda, acumulando demasiada pobreza y falta de higiene.

Los jesuitas colaboraron con las autoridades en la atención a los enfermos. Luis y los jesuitas del Colegio Romano, todos los días, con alforjas, recorrían la ciudad. Mientras que en las noches, en el Hospital de la Consolación, pasaba horas junto a las camas de los más miserables. En el contacto con ellos Luis, al igual que otros de sus compañeros, contrae la enfermedad que lo sostuvo durante tres meses en una lenta agonía.

Su vida se apaga, finalmente, en la madrugada del 21 de junio de 1591, rodeado de sus compañeros jesuitas. Contaba con apenas 23 años.

Fue canonizado en 1726 con San Estanislao de Kostka. La Iglesia lo declaró Patrono de la Juventud.

Fuente: Flacsi, libro “Santos y Beatos de la Compañía de Jesús”, del P. Jaime Correa, SJ.