Pausa Ignaciana: “Gracias Ruah, Dios Madre, Jesús hermano”

Esta semana el Equipo Coordinación Mujeres Iglesia nos cuenta las sensaciones y conclusiones que quedaron después del III Encuentro Nacional de Mujeres Iglesia.
Por:  Equipo Coordinación Mujeres Iglesia  

“Me voy con el corazón agradecido sintiendo la tranquilidad del sur y el grito de fuerza femenina… mujeres nuevas que cuentan su experiencia, albañilas de nueva humanidad, mujeres lindas bailando la esperanza, mujeres que gritan libertad”.

“Gracias al soplo de la Ruah que a través de otras mujeres nos ha mostrado este camino, que unido a la sabiduría de generaciones, han sido como un fertilizante para hacer florecer nuestros dones”.

“Gracias a la Ruah por todo lo vivido en Concepción, superó mis expectativas en todo ámbito… las resonancias son infinitas: de caras, emociones, contenidos, muestras de sororidad y cariño… me quedó grabado, pasar ‘del silencio a la palabra, de la invisibilidad a la visibilidad, de la subordinación a la responsabilidad’”.

Estas palabras Junto a mucha gratitud, son algunas de las impresiones que hemos recibido después de nuestro III Encuentro Nacional Mujeres Iglesia.

Punto de partida fue la cálida bienvenida de las mujeres y el Colegio Sagrado Corazón de Concepción, que propiciaron el mejor de los ambientes para un fin de semana donde la presencia de Ruah Dios se palpaba en el aire. Los días 31 de agosto y 1 de septiembre quedarán grabados en el corazón de muchas mujeres que por primera vez hacían experiencia de aquella gracia que se da entre las mujeres: la sororidad, como ese espacio cálido, acogedor, contenedor, receptivo que hace posible el milagro de re-conocernos, respetarnos y valorarnos en la rica diversidad que somos las mujeres.

Las participantes fueron de todas las generaciones, de Iquique a Punta Arenas, con diversidad de carismas, de teologías, pero un corazón amplio para descubrir la maravilla en cada mujer nueva que salía al encuentro.

La temática de fondo fueron las 3 grandes declaraciones del Credo, para las cuales contamos con la ayuda de tres teólogas:

  1. Creo en Dios Padre; que, junto a Carolina del Río aprendimos también a llamar con toda propiedad Madre.
  2. Creo en Jesucristo el Hijo; con la ayuda de Krety Sanhueza nos acercamos a su predicación y ya no nos quedó ninguna duda de que Jesús llamó también para su ministerio mujeres discípulas y apóstolas.
  3. Creo en el Espíritu Santo y la santa Iglesia Católica; y junto a Berni Zambrano rscj volvimos a renovar el empoderamiento dado por la Ruah en el Bautismo para la plena ciudadanía y sacramentalidad de las mujeres en la Iglesia.

Poniendo el corazón y releyendo la historia, vimos como Mujeres Iglesia ha crecido y se hace necesario organizarnos; un fruto del encuentro ha sido la creación de comunidades regionales que terminaron haciendo una profunda reflexión a partir de ámbitos teológicos pastorales que necesitan acciones concretas en sus realidades locales. Algunas de las palaras que emergieron con fuerza fueron:

Nunca más:

  • Callar ni que nos callen.
  • Nuestro silencio ante el mal trato de clérigos o del laicado clericalista
  • Considerar a Eva = pecadora, nunca más permitir que se nos vea como la tentación
  • Afrontar solas los problemas en la iglesia
  • Dios sólo como Padre. Crecer en lenguaje inclusivo en todos los espacios litúrgicos.
  • Nombrar por títulos al clero
  • Que solo predique uno y el mismo, ni prédicas que no responden a estos tiempos
  • Liturgias sin fondo, sin calidez, automatizadas, desencarnadas
  • Teología patriarcal, ni conformarnos con una única visión de las cosas.
  • Servidumbre de mujeres hacia la jerarquía
  • Autoritarismos que silencian las injusticias
  • Normalizar, justificar o permitir abusos de ningún tipo
  • Desvalorizar la opinión y conocimiento de las mujeres
  • Tener miedo a ser juzgadas por nuestra opinión
  • Estar sólo en roles secundarios
  • Ser excluidas de la vida litúrgica
  • Ser invisibilizadas en los ámbitos de decisión
  • Separar la espiritualidad de la corporalidad de las mujeres.

Ahora es tiempo de:

  • Nuevos lenguajes simbólicos sobre Dios, no sólo masculinizantes
  • Participar activamente de la Eucaristía
  • La teología feminista. Conocer la diversidad teológica existente y que enriquezca la formación
  • Escuchar el testimonio, las experiencias de todas las mujeres
  • Orar integralmente: cuerpo, mente y corazón
  • Que las mujeres puedan presidir en todas las liturgias
  • Dar relevancia a las mujeres de la biblia
  • Valorarnos y recuperar nuestros espacios
  • Cambiar los modelos estereotipados de mujeres que nos han enseñado, en especial de María y María Magdalena
  • Asumir papeles protagónicos, no secundarios.
  • Liturgias circulares donde todxs nos escuchemos
  • Instalar y promover con fuerza la solemnidad de Santa María Magdalena
  • Un nuevo mes de María
  • Generar una red de apoyo a mujeres maltratadas en sus hogares
  • Retiros feministas
  • De nunca más encubrir abusos
  •  Difundir el mensaje de Mujeres Iglesia

Finalizamos con una preciosa liturgia comulgando pan, uvas, pasas, agua, leche y miel que nos recuerdan los ricos frutos de la tierra y el amor de Dios regalado en la gratuidad de la creación y también en nuestro cuerpo de mujeres. En la comunión hicimos también memoria del Señor.