Trigésima semana del tiempo durante el año

Comentario a las lecturas de la liturgia del 29 de octubre al 4 de noviembre.

Amar parece ser algo que debe brotar del corazón de una persona; no se lo puede imponer desde fuera. Y, sin embargo, el primero y el segundo mandamiento nos ordenan amar. Más aún, de estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas, nos advierte el propio Jesús.

En una época tan celosa de la libertad individual como la nuestra, el mandato de amar resulta, por lo menos, desconcertante. Incluso antes de escuchar a Jesús mandándonos amar a nuestros enemigos. Por eso, tal vez, la oración de apertura de este trigésimo domingo pide a Dios que “para conseguir lo que nos promete”, nos conceda “amar lo que nos manda”. En esta semana en que conmemoraremos los 500 años de las tesis de Wittenberg, la mesa de la Palabra nos hace tomar conciencia de la primacía de la Gracia divina… No somos acreedores del perdón de Dios. Lo recibimos porque Dios nos ama y nos lo regala gratuitamente. En eso concordamos católicos y luteranos. Algo que se proclamó ya oficialmente por ambas iglesias en 1999. De ahí que todas las precisiones sobre el alcance que debe tener entre nosotros el amor al prójimo –ya declarados en el Éxodo, que nos ordena preocuparnos del huérfano, de la viuda y del extranjero- constituyen, sobre todo, temas para nuestra oración de petición, para que el Espíritu ensanche nuestro corazón y nos haga dar frutos semejantes a los que san Pablo celebra en la comunidad de Tesalónica. Son gracias que debemos pedir, y agradecer cuando las recibimos. Porque así podremos contagiar la alegría del Evangelio.

Durante la semana, seguiremos siendo instruidos por la carta de san Pablo a los Romanos. Justamente estamos en el capítulo 8 que nos asegura la acción del Espíritu: Él  ora en nosotros, y nos da plena confianza en el amor del Padre que se nos ha revelado en Cristo: Podemos arriesgarnos a amar, porque nada podrá separarnos de ese amor. Por su parte, el evangelio de san Lucas sigue presentándonos las controversias de Jesús con las autoridades religiosas de su pueblo. Al mismo tiempo, comienza ya a advertirnos de la necesidad de estar preparados, porque el fin llegará en el momento menos pensado. Hay que hacer lo que Jesús dice, y no sólo escucharlo, ni sólo celebrar una buena liturgia.

La Solemnidad de Todos los Santos es  la cumbre del Santoral, y la celebramos el miércoles de esta semana, seguida por la solemne Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos. Más que  luchar contra el folklore “mágico” o “animista”, tan aprovechado en este tiempo por el comercio… son días para que nos renovemos en la esperanza y en la confianza del triunfo de Cristo sobre el pecado y la muerte, y las compartamos con los demás, de modo que ese “ser del Señor” que san Pablo nos propone en la carta a los Romanos, sea una consigna cada vez más consciente de parte de todos los cristianos.  El santoral se completa esta semana el viernes 3 con la memoria de  san Martín de Porres (1579-1639), dominico peruano muy popular en Chile y  el sábado 4 con san Carlos Borromeo (1538-1584), modelo de obispo de la Reforma católica.  Por nuestra parte, los jesuitas recordamos el lunes 30 al Bto. Hno. Domingo Collins, mártir (+1601),  el martes 31 al Hermano San Alonso Rodríguez (+1607), y el sábado 3 podemos recordar al Bto. P. Rupert Mayer (+1945), héroe alemán de la 1ª. Guerra mundial y encarcelado por los nazis en la 2ª.