Una planificación nacida de la contemplación

A continuación presentamos la Palabra CPAL para el mes de octubre, escrita por el Provincial de Bolivia, Ignacio Suñol SJ.

P. Ignacio Suñol, S.J., Provincial de Bolivia

La Provincia de Bolivia ha iniciado la etapa de ejecución de su Plan Apostólico Provincial que ha sido concretada en base a un trabajo para el cual se buscó garantizar una amplia participación, tanto de los miembros de la Provincia como de las personas que comparten con nosotros la responsabilidad de la misión. En su carta BOL 19/02 de aprobación de dicho Plan, el P. General Arturo Sosa nos comentó que “en su proceso de elaboración, se hizo una seria reflexión metodológica, en la cual se ha ponderado cuál sería el tipo de plan apostólico más conveniente para la Provincia, pero también cuál sería el proceso de trabajo que más ayudaría en su formulación, habiendo sido elegido un modo de trabajo que privilegiara la actitud de discernimiento espiritual lo más comunitario posible.

En el Plan Apostólico Provincial concretamos tres prioridades, siendo dos ad extra (jóvenes y casa común) y otra ad intra (cuidado del cuerpo apostólico) con especial necesidad de trabajar nuestras comunidades religiosas jesuitas sin olvidar el fortalecimiento y acompañamiento de los equipos insertos en nuestra misión. A las pocas semanas la Compañía de Jesús después de un largo período de discernimiento promulgó sus cuatro Preferencias Apostólicas Universales tres de las cuales coincidían con nuestras prioridades, y para la primera de aquéllas, ”mostrar a Dios mediante los ejercicios espirituales y el discernimiento”, una Consulta Ampliada con Superiores y Coordinadores de Área decidió entroncarla modificando el organigrama propuesto y pautando nuevas líneas generadoras, ello debido a que esta primera Preferencia Apostólica Universal es el marco fundamental de donde brota nuestro compromiso por la fe y la justicia que anima el servicio a los pobres y vulnerables, que orienta el acompañamiento de la juventud y su vertiente vocacional, y dinamiza el cuidado de la creación desde una contemplación para en todo alcanzar amor.

Nos ayudó y confortó mucho iniciar el proceso contemplando, observando la redondez de la tierra, nuestro contexto más próximo, nuestra historia reciente, las luces y sombras, aunque fue un arranque difícil pero muy jugoso y fructífero: reiniciar la periodicidad de reuniones comunitarias, redescubrir que encontrarnos para hablar de nuestras cosas y de nuestros estados de ánimo era posible, que el participar era un sí quiero y un podemos colectivo muy importante, de modo que quedaron en la cuneta muchos desánimos, no todos, pero las mochilas poco a poco se cargaron de esperanza. Planificamos, perdón, contemplamos desde la comunidad, célula básica del cuerpo de la Compañía, cada quien y comunitariamente, no desde el experto.

De nuestras reflexiones comunitarias acordamos tres prioridades nacidas en la escucha al Espíritu y las formuladas ya en tiempo presente como aquello que realmente queremos llegar a ser: nos preocupamos de la casa común, acompañamos a los jóvenes en sus propios procesos y cuidamos el cuerpo apostólico, transversalizando, repito, la primera de las Prioridades Apostólicas Universales: “mostrando a Dios mediante los ejercicios espirituales y el discernimiento”.

Nos hemos caracterizado, ahora, como una pequeña Provincia y hemos llegado a concienciarnos como tal lo cual es muy importante de cara a cambiar nuestra medida con respecto a un mayor potencial propio ya del pasado, que en la actualidad debe concurrir de otros equipos de colaboración y diferentes modos de gestión. Somos pocos, pero con la capacidad de aunarnos con muchas colaboradoras y colaboradores entre los que nos contamos nosotros. Deseamos estar presentes en este futuro inmediato provistos de una opción preferencial por los pobres y los excluidos, gozosos porque encontramos consuelo en la escucha del Espíritu, fortalecidos por la unión de ánimos en nuestras comunidades que serán más fraternales y células vivas de una comunidad mayor, la Compañía Universal, hogar amplio donde discernimos compartiendo nuestra vida, nuestra fe y nuestra misión.

La Misión es nuestra vida y se trata de una gestión apostólica donde hay que tomar decisiones que conciernen a obras y personas, no identificándonos con un accionar de empresa, y entendiendo su ámbito dentro de las coordenadas de que la gracia respeta y se fundamente en la naturaleza de cada quien.