Vigésima novena semana del tiempo durante el año

Comentario a las lecturas de la liturgia del 21 al 28 de octubre.

Yo soy el Señor, y no hay otro; no hay ningún dios fuera de mí. La frase de Isaías, dirigida al pagano Ciro, rey de Persia, nos prepara para escuchar a Jesús en el Evangelio de este domingo: Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Jesús no llama a separar la fe de la vida en sociedad, de la economía y la política, como si esas estructuras pertenecieran a otro dios. El único Dios, que llamó a Ciro para liberar al pueblo judío del exilio en Babilonia, sigue cuidando de su pueblo elegido en medio de los vaivenes de la Historia.  Cada vez que nos reunimos en torno a la mesa de la Palabra y de la Eucaristía, lo hacemos para entregarle lo que le pertenece: nuestra vida y nuestro trabajo.

El mismo Señor nos ha enseñado que no quiere sólo el culto litúrgico; más aún, que el culto que Él quiere es que nos ocupemos de socorrer “al extranjero, al huérfano y a la viuda”. Dar a Dios lo que es de Dios significa no contentarse con estructuras opresoras, injustas, destructoras de la vida humana. Al contrario. Dar a Dios lo que es de Dios nos dice que los cristianos no podemos adorar al mercado como ciego administrador de los bienes de la tierra.

Estamos llamados a descubrir la imagen de Dios en el hermano o hermana que sufre a nuestro lado y trabajar, con respeto, pero con la misma fuerza del Espíritu, que Pablo ve actuando en la comunidad de Tesalónica, para que a todos llegue la auténtica gracia y paz de Dios: esa paz que es fruto de la justicia. Esa paz que nos lleva a contemplar la gloria de Dios en la persona de las hermanas y hermanos con quienes compartimos este mundo del que hemos sido hechos administradores.

El leccionario ferial de la semana sigue presentándonos la carta de san Pablo a los Romanos, haciéndonos reflexionar sobre la justificación que recibimos gratuitamente por la fe, la que nos compromete a vivir una  vida nueva: una vida de resucitados en Cristo, que no nos exime de luchar contra nuestra interna resistencia y propensión al pecado. Y en el evangelio de san Lucas llegamos a capítulos que nos ponen en el contexto de la predicación de Jesús en Jerusalén y sus alrededores, donde se nos advierte de la inminencia del juicio, y de la necesidad de estar preparados para ese momento.

En el santoral, el lunes se puede recordar a san Juan de Capistrano(1386-1456), franciscano oriundo de Nápoles, insigne predicador. Ese mismo día se cumplen doce años desde la canonización del P. Alberto Hurtado. El martes 24 se puede celebrar a san Antonio María Claret, fundador de los Misioneros Hijos del Corazón de María (1807-1870),  y de las Misioneras Claretianas.  Y el sábado 28 se celebra la fiesta de los santos apóstoles Simón y Judas  Tadeo, que, de acuerdo con algunas tradiciones,  habrían evangelizado Persia, Mesopotamia y Egipto. En la piedad popular en Chile, san Judas Tadeo goza de mucha popularidad, y su santuario en Santiago, está precisamente a cargo de los misioneros claretianos.  En el calendario nacional se ha introducido el Día de las Iglesias protestantes y evangélicas, que este año celebraremos el viernes 27: Un día especial para orar por la unión y reconciliación entre los cristianos, especialmente al cumplirse 500 años del inicio de la Reforma.

JMA, SJ C