Juan Cristóbal Beytía SJ: “Ojalá podamos impulsar un nuevo contrato social en que no quede nadie fuera de la casa”

Por Benjamín Aguirre. Entrevista publicada en Revista Jesuitas Chile n. 50

—¿Cómo fue pasar de ser Capellán de TECHO a dirigir la Revista Mensaje?
Estoy muy agradecido de mis años en TECHO. Fue un regalo poder compartir la vida de tantas familias que viven en situación de exclusión habitacional y socio-territorial. Me desafió mucho ver su espíritu de lucha en pos de mejorar la situación de sus cercanos. Soy un agradecido de los jóvenes que dejan a un lado la rutina de los estudios y la vida social para ir a servir con sus mejores herramientas a estas familias. Además, conocí a tantos profesionales que me empujaron a meterme en profundidad en los temas sociales de Latinoamérica.
Con Mensaje el cambio ha sido importante. Es una tarea que tiene otro ritmo, y que me ha obligado a entrar en el tema de los medios de comunicación y a tener una visión más amplia de lo que está sucediendo en el país. El equipo es muy profesional y dispuesto a enfrentar juntos los desafíos que nos pone el cambio tecnológico, cultural y social de Chile. Queremos que la revista cumpla con su misión en este nuevo contexto.
—¿Cómo fue convertirse en Socio?; ¿cuál es su rol en el Gobierno de la Provincia?
El rol de Socio es un “animal que todavía no domestico”. Tiene diversas facetas, muchas de ellas “emergentes” y que obligan a la flexibilidad personal: dejar lo  planificado para atender una necesidad de la Provincia.
Por oficio, el Socio pertenece a la Consulta de Provincia, que son cuatro jesuitas que acompañan con su consejo al Provincial. Además, ejerce el rol de consejero de manera más permanente. También lleva una serie de asuntos administrativos: comunicación a los jesuitas; registro de reuniones de consulta; recibir indicaciones de la Curia General; mantiene al día y ordenados los datos de jesuitas y la información sobre las obras; mantiene informados a jesuitas y colaboradores para formar un cuerpo apostólico, etc. También es una especie de “respaldo” del Provincial, entonces si sucediera algo, existe alguien que está al tanto de los diversos temas. Finalmente, es el admonitor del Provincial, quien debe corregirlo en aquellas cosas que vaya recibiendo como opinión de otros y que juzgue importante que él las sepa. Si alguien quisiera reflejarle algo y por el motivo que sea no se lo puede decir directamente, tiene la posibilidad de acudir al Socio para que se lo diga.
—¿A qué se nos invita durante el Año Ignaciano?
A mirar nuestros orígenes, el carisma que nos fundó. Junto a religiosas y religiosos, laicas y laicos, los jesuitas queremos repasar nuestro recorrido para ver cómo este puede inspirarnos un camino nuevo y dar respuesta a los desafíos del presente. En particular, tomando la invitación de las Preferencias Apostólicas Universales, el Padre General ha invitado a los jesuitas a mirar nuestro voto de pobreza.
—¿Cuál es su sentido y significado?
Así como recordamos la conversión de San Ignacio, se nos invita en esta ocasión a mirar la conversión que necesitamos, aquello en lo que requerimos renovarnos jesuitas y laicos. Necesitamos enfrentar el presente convirtiéndonos. Ignacio en ese camino empezó a ver “todas las cosas nuevas en Cristo”. ¿Cómo nos invita Jesús a mirar este momento de Chile y el mundo?; ¿qué debemos descubrir en él? Y en consecuencia con lo anterior, ¿qué debería cambiar en nuestra vida?
—¿Qué se ha ido descubriendo durante el proceso de discernimiento para un nuevo Plan Apostólico?
Hemos aprendido harto: primero, recogimos los avances del Plan Apostólico anterior, por ejemplo, la vigencia de la Inclusión Social como criterio orientador de la misión en ese campo. Pero también, lo relevante de la colaboración entre jesuitas, con laicas y laicos, con otras congregaciones religiosas, etc.
A la vez, hemos descubierto que hay varios aspectos de la sociedad, la Iglesia y la Compañía que están en crisis y que debemos enfrentar como Cuerpo Apostólico, no solo jesuitas, sino con todos aquellos que quieran compartir nuestra misión.
—¿Por qué es importante el Plan Apostólico?
El que no sabe adónde va, puede terminar en cualquier lado. Es importante tener un horizonte hacia el cual caminar. Eso permite priorizar los recursos, concentrar las fuerzas en una misma dirección y hacer que la diversidad de acciones que ejecutamos sean coherentes unas con otras.
—¿Qué destacarías del proceso hasta ahora?
Destaco mucho que podamos hacer esto en colaboración estrecha con los laicos, que muchos puedan ayudarnos a mirar lo que estamos haciendo y lo que es importante hacer.
Obviamente esto significará dejar de lado algunas cosas, o disminuir nuestros énfasis en algún área. Pero, por otra parte, implicará reforzar algunas tareas o iniciar otras nuevas. En todo este proceso necesitaremos de mucha libertad, porque nos cuesta mucho dejar de hacer cosas en las que hemos puesto el corazón y las fuerzas en el pasado. Es una gracia que necesitamos pedir.
—¿Qué falta para terminarlo y tener un nuevo Plan?
Ya se ha recogido todo el aporte de los que asistieron a la jornada para discernir nuestros compromisos. En estos días el Provincial está haciendo un camino confirmar los compromisos que asumiremos por los próximos seis años. Una vez que tengamos eso, volveremos a hacer grupos por áreas o sectores apostólicos, para discernir los envíos más concretos que requerimos para llevar adelante esos compromisos. Cuando tengamos eso listo, lo enviaremos al Padre General, para que sea él quien nos confirme y envíe en misión.
—¿Cómo ves el panorama político y social, considerando las elecciones que se vienen en 2021?
Van a ser meses agitados. Y hay que mirar que si bien tuvimos una alta participación en el Plebiscito en Entrada al proceso constituyente, supongo que la participación podría bajar. Va a ser muy importante la elección de constituyentes. Creo que en eso se juega en gran parte el éxito del proceso y su resultado. Requerimos personas que conozcan en profundidad nuestro país y su gente; que sean empáticas con las necesidades de los que habitan esta tierra; que tengan una capacidad de diálogo y escucha muy alta para llegar a acuerdos; que tengan humildad suficiente para cambiar de postura si se encuentran con una propuesta mejor; que sean capaces de mirar a larguísimo plazo; pero, sobre todo, personas que tengan un enorme amor por Chile, más allá de los intereses pequeños propios, de su partido o región.
—¿Cómo se inserta la Misión de la Compañía en este contexto?
Creo que tenemos el deber de incidir, sobre todo en los temas que más nos competen. En especial, todos aquellos que afecten a los más excluidos. Aumentar la libertad real de la gente implica necesariamente entregar mayores oportunidades a quienes no las han tenido históricamente. Ojalá podamos impulsar un nuevo contrato social en que no quede nadie “fuera de la casa” por condiciones que no eligió: su familia o lugar de origen, el dinero que tengan sus padres, el color de piel, la identidad sexual o el partido político del que participe.
—¿Cómo equilibrar la sensación de oportunidad y expectativas, versus la realidad?
Creo que los medios de comunicación tenemos un rol importantísimo que jugar. Hay que invitar a pensar, dando argumentos, mostrando datos, teniendo conversaciones con gente diversa para salir de los presupuestos y prejuicios que todos tenemos, y evitar la propagación de noticias falsas, campañas del terror y discursos populistas.
Por otra parte, será esencial que el Congreso y el Gobierno sigan haciendo su trabajo, porque si no, la presión social sobre el proceso constituyente será aún mayor. Es decir, la gente pondrá más expectativas en la nueva Constitución en la medida que no encuentre respuestas en el proceso legislativo o ejecutivo. Ellos deben seguir haciendo su trabajo de la manera más ágil y criteriosa posible, para que la Constitución encuentre su lugar propio estableciendo las reglas y los fines de nuestra convivencia.

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