Jules Stragier SJ: “Es urgente adaptar y renovar el lenguaje litúrgico”

Cuando comenzamos a cerrar este Año Ignacio, les presentamos una conversación con Jules Stragier SJ, en la que reflexiona, desde su propia vocación, sobre esta cuarta etapa, y última, que estamos viviendo: la misión.

Durante la Segunda Mundial, en pleno invierno de 1942, con un metro de nieve en Izegem, Flandes, una pequeña ciudad de Bélgica, nació Jules Stragier SJ. La enseñanza pre-básica y los tres primeros de la básica los hizo con unas religiosas en una escuela cercana a su casa. Su primera comunión la realizó a los 6 años. Los siguientes tres años de básica los cursó en el colegio diocesano de Izegem. Para la enseñanza media fue enviado al internado de un colegio jesuita en Tournai, región walona (francófona) de Bélgica. En 1957 la Compañía entregó el colegio a la diócesis y Jules fue enviado al internado del colegio jesuita San Estanislao en Mons, donde egresó en 1960. En el colegio de Mons formó parte de los “Equipes Notre Dame”, lo que después daría origen a las CVX. Ahí nació su vocación y entró al noviciado de la Compañía de Jesús en Bélgica. En esa época había cerca de 50 novicios.

Y luego, comienza su misión… Terminada la Filosofía en Lovaina en 1965, fue enviado a Chile para el magisterio. En 1967 el Provincial José Aldunate lo mandó de vuelta a Bélgica para iniciar los estudios de teología. Se ordenó en 1970 y regresó a Chile en enero de 1971.

-Estamos en la cuarta etapa, y final, del año ignaciano, que nos invita a reflexionar sobre la misión. ¿Qué nuevos impulsos y desafíos se le presentan?

-Voy expresar una opinión bien personal. Sería bonito y tal vez liberador si los jesuitas pudiéramos estar menos “atados” a las obras y más disponibles para la misión itinerante. Tengo la profunda convicción de que es mucho lo que podemos aportar a la Iglesia en Chile en este sentido. Se podría formar un equipo de misioneros, tal vez no permanente, y ofrecer distintos servicios sobre todo a las diócesis de provincia: cursos, talleres, EE EE, acompañamiento etc. Francisco pide “una Iglesia en salida”. Puede aplicarse a la Provincia: ser “una Provincia en salida” y que aquello no se aplique solo a las misiones en verano, sino todo el año.

-Pensando en el año ignaciano, especialmente en su lema, ¿cómo ver las cosas nuevas en Cristo?

-Varios grandes teólogos han señalado que el futuro de la Iglesia será con “mística” o no será más Iglesia. Francisco nos ayuda a mirar y vivir la fe más allá de lo institucional y formal. Para mí, una absoluta prioridad es volver al “Dios de Jesús” para vivir “la alegría del Evangelio”. En esta línea es prioritario encontrar formas de celebración de la fe que recojan la fe existencial de los fieles y no una fe a partir de las antiguas y tradicionales formulaciones dogmáticas, pues la mayoría de ellas no se entienden o no son explicables para una vivencia de la fe contemporánea. En este sentido es urgente adaptar y renovar el lenguaje litúrgico.

 -En este punto del camino dentro de la Compañía de Jesús, ¿cómo es, o cómo ha cambiado su mirada de la vida, de nuestro país, de su vocación y de la Iglesia?

-La respuesta a esa pregunta requiere un desarrollo más allá de una entrevista. Algunas premisas a considerar. La vida es dinámica y está la ley de la evolución. Aquella evolución no es solo biológica, sociológica, política o económica. Antes que todo y desde una mirada contemplativa ‘teilhardiana’ (de Teilhard de Chardin SJ), la evolución es el misterioso dinamismo que todo lo anima y lleva hacia el punto Omega, como dice él. Podemos dar nombres muy diversos a aquel misterioso dinamismo: Dios, consciencia, amor, plenitud, providencia, etc. Vivimos aquel dinamismo en la medida que salgamos “de nuestro propio querer e intereses”, o saliendo o abandonando los impulsos de nuestro ego. Percibo que hay bastante de eso que está ocurriendo hoy en Chile. Lo valoro como un “kairós” es decir una gran oportunidad para anunciar y vivir “como todas las cosas son nuevas en Cristo”. De allí mi propuesta de una misión itinerante. Aquello dinamiza y nutre mi vocación y tengo la convicción que por allí también se renovará la Iglesia.

 -¿Qué mensaje podría compartir con toda la comunidad ignaciana?

-La espiritualidad ignaciana sigue siendo un tesoro para la Iglesia. Me parece que debiéramos tomar más “La contemplación para alcanzar Amor” como el “Principio y Fundamento” de la oración personal y de la vida apostólica.

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