San Alberto Hurtado

FPH busca inspirar con el pensamiento y testimonio del Padre Alberto Hurtado, fundado en el mensaje y la acción de Cristo, para lograr una sociedad que se preocupa de los más excluidos, que cree en el valor de lo comunitario, y que se la juega por transformar todo aquello que nos deshumaniza. Vela por la difusión de la figura del Padre Hurtado en diversos espacios de la sociedad civil, gestionando y/o articulando con otras instituciones la implementación de actividades y/o programas que permitan promover íntegramente su legado (espiritual, social, intelectual, etc.). Nos ocupamos en favorecer que el Santuario y Museo Alberto Hurtado sean espacios que promuevan el legado del Padre Hurtado y contribuyan a su trascendencia 

Visitar sitio

phurtadoEl Padre Alberto Hurtado es uno de los personajes más importantes de la Iglesia Católica contemporánea en Chile. Su profunda fe, su atractiva personalidad, su capacidad de captar el cambio ideológico y cultural de su tiempo y la vehemencia con la que desempeñó sus diversas obras, hicieron de él una figura de gran influencia, cuyo legado sigue vigente.

Nació en Viña del Mar el 22 de enero de 1901, en el seno de una familia aristocrática empobrecida. La temprana viudez de su madre lo encaminó a trabajar y estudiar leyes. Sin embargo, a pocos días de recibirse de abogado, siguió su verdadera vocación ingresando a la Compañía de Jesús.

En 1936 regresó a Chile, tras su formación en Europa, y se dedicó por entero a la tarea de acercar la Iglesia a la juventud y a los más pobres. Tras hacer su apostolado en el Colegio San Ignacio, fue designado Asesor Arquidiocesano de la Juventud Católica. Su personalidad apasionada y carismática lo convirtió en un modelo para los jóvenes de la época, quienes engrosaron notablemente las filas del movimiento bajo su influencia.

Pese a ser de ideas más bien conservadoras, tenía un gran compromiso con la justicia social. Le preocupaban las condiciones de vida de la clase obrera y apostó a la sindicalización como vía para superar las desigualdades e implantar un orden social cristiano. Su preocupación por los trabajadores fue derivando en una preocupación por los más pobres. «Acabar con la miseria es imposible, pero luchar contra ella es deber sagrado», decía. A esto abocó su energía recorriendo las calles con su camioneta verde, recogiendo niños, adultos y ancianos indigentes y dando origen a una de sus mayores obras: El Hogar de Cristo.

Murió en 1952 producto de un cáncer de páncreas. En 1994 fue beatificado por el Papa Juan Pablo II y once años después, el 23 de octubre de 2005, fue declarado Santo de la Iglesia Católica por el Papa Benedicto XVI.