Artículo publicado en revista Jesuitas Chile n.50

Por Julián Abusleme

Son las 21:00 hrs. del sábado 11 de abril y Cristóbal Fones SJ se prepara para transmitir en vivo su oración cantada del Sábado Santo. Queda una hora para el toque de queda y a medida que las calles comienzan a vaciarse, las redes sociales se empiezan a colmar. Las transmisiones por streaming se multiplican con misas, conversatorios y charlas como parte de la oferta. Entre medio, se activa la transmisión de Fones, que será observada por una multitud virtual. Durante una hora, cerca de 6 mil personas seguirán la emisión desde sus casas: 3.200 por Facebook, 1.800 desde Youtube y 500 por Instagram.

El caso de la oración cantada de Cristóbal Fones SJ es ilustrativo de lo que ha sucedido desde que la crisis sanitaria por la propagación del Covid-19 llegó a Chile. El calendario de actividades presenciales que todas las obras y comunidades habían preparado se borró de un plumazo, al menos por el primer semestre, y obligó a reinventar las formas de conectarse con la gente.

¿Cómo hacer que la crisis sanitaria no se transforme en una crisis de vivencia de la fe? La respuesta a esa pregunta apareció en el poder de las redes sociales, las que abrieron un nuevo mundo de posibilidades a la hora de generar participación por medio de una comunicación eficaz.

Otro ejemplo gráfico del buen uso de las tecnologías virtuales se dio en las misas organizadas por el Hogar de Cristo y que fueron oficiadas por los jesuitas José Francisco Yuraszeck y José Tomás Vicuña. El jueves 19 de marzo realizaron una misa para los funcionarios de la institución y decidieron transmitirla por Facebook e Instagram. Fue tantala gente que se sumó, que decidieron mantener la propuesta en el tiempo. Cada domingo a las 11:30 hrs. son miles las personas que los siguen. Hasta 18 mil seguidores se han reunido en torno a la transmisión de la eucaristía. Desde la organización aseguran que “ha sido muy bonito ver cómo se ha ido creando una comunidad no solo en Chile, sino en el mundo, puesto que se ha sumado gente de otros países”.

Santa tecnología

A medida que se acercaba la Semana Santa, las obras y comunidades se resignaban a no poder realizar las actividades con las que tradicionalmente se conmemora el triduo pascual. Pero mientras se suspendían eventos, se empezaban a planificar experiencias virtuales. Dicho periodo litúrgico se presentaba como una prueba de fuego para las propuestas digitales. Y la prueba fue superada con un éxito rotundo.

El Centro de Espiritualidad Ignaciana (CEI) propuso un programa con reflexiones y oraciones diarias que cada usuario podía administrar según sus propios horarios desde casa. Desde el CEI destacan que cada video de Semana Santa tuvo alrededor de 2.200 visitas y que contaron con 5.000 visitantes únicos a su sitio web durante ese periodo, con la sorpresa de que muchos de ellos eran de otros países de Latinoamérica.

Una experiencia similar tuvo la Red Juvenil Ignaciana (RJI), obra que vio cómo el mundo digital le abría la posibilidad de generar trabajos colaborativos con mayor facilidad. Liderada por los equipos de Tiempo Magis y de Ejercicios Espirituales para Jóvenes, la RJI apostó por “Conectados”, un retiro online orientado a los jóvenes en el que participaron diversas obras como la Red Educacional Ignaciana, el Centro Universitario Ignaciano y CVX. El cronograma de la actividad contaba de apoyo, talleres prácticos y liturgias vía streaming.

Al igual que en el CEI, desde Tiempo Magis aseguran que los resultados superaron ostensiblemente las expectativas. En los cuatro días que duró el retiro se acumularon 34 mil visitas a su sitio web, que fue la plataforma en que se compartió el contenido. Dichas visitas fueron realizadas por 7 mil usuarios distintos, de los cuales un 80% fueron personas que estaban en Chile, mientras que el 20% restante comprende a usuarios de más de 30 países.

¿Secularización o falta de adaptación?

Todos estos antecedentes que ilustran el éxito de las propuestas digitales han abierto el debate sobre si Chile está secularizado o más bien ha existido torpeza a la hora de encontrar nuevas formas de comunicarse y relacionarse. En general, existe consenso en torno a la idea de que ambas cosas han ocurrido en nuestro país.

Desde la perspectiva de José Tomás Vicuña SJ, director nacional del Servicio Jesuita a Migrantes, “es un hecho que la sociedad está más secularizada, pero también es un hecho que estábamos ofreciendo las mismas cosas que hace diez años. En un mundo tecnologizado la Iglesia no estaba siendo capaz de llegar más allá y compartir el Evangelio desde las redes sociales”.

Una visión similar tiene Cristián Viñales SJ, coordinador de la pastoral vocacional en la Compañía, quien también cree que han ocurrido ambas cosas. “Es evidente que hace un tiempo en la Iglesia tenemos dificultades para comunicarnos con los jóvenes, para entenderlos y valorar sus posibilidades”. Eso sí, advierte que “no hay que absolutizar los espacios digitales porque nos hace perder de vista las necesidades reales de las personas”.

Cristóbal Fones SJ destaca que las redes sociales han permitido un nuevo modo de relacionarse y comunicarse entre las personas creyentes. “Ha ayudado a matizar la percepción de que a nadie le interesa lo espiritual y también ha significado un espacio de contención y acompañamiento notable, que alegra y refuerza la comunión entre muchas personas”, dice.

Después de la pandemia

Pese a que las propuestas virtuales en su gran mayoría fueron una respuesta a la contingencia, los buenos resultados hacen pensar que estos formatos se mantendrán cuando la crisis sea superada.

Tras cancelar todas las tandas de Ejercicios Espirituales presenciales, el equipo de Ejercicios para Jóvenes optó por realizar “Ejercicios en la vida diaria”, un formato en que los jóvenes pueden orar desde sus casas, en sus propios horarios y comunicados con un acompañante usando la tecnología. ¿Resultado? Más de 300 jóvenes han sido parte de la experiencia a lo largo de Chile.

“Hemos descubierto una tremenda posibilidad que podremos seguir ofreciendo en el futuro”, dice Paula Torres (ACI), religiosa de las Esclavas del Sagrado Corazón que pertenece al equipo.

Desde el CEI concuerdan con esta idea: “Hemos entrado a la casa de muchas personas de una forma que no habíamos podido anteriormente. La pandemia nos adelantó lo que veníamos reflexionando. Quizás estos serán los formatos que tendremos para seguir sirviendo”.

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