Pausa Ignaciana: “Ayudar a las ánimas”

Por: Samuel Yáñez (syanez@uahurtado.cl)
En estos días de cuarentena por la epidemia de covid-19, me ha venido a la mente recurrentemente una expresión de San Ignacio: “ayudar a las ánimas”. Hoy diríamos: ayudar a los demás, a las personas. Leí en las redes algo que me conmovió. Un párroco italiano de 72 años contrajo el corona-virus, los síntomas empeoraron y fue hospitalizado. Como había escasez de ventiladores mecánicos, su comunidad parroquial le compró uno. Pero él se negó a usarlo: había en el hospital enfermos más jóvenes, así que lo cedió. Probablemente, pensó que ya había vivido suficiente, o que alguien más joven tenía más posibilidades, o quizás responsabilidades familiares. Finalmente, Giuseppe Berardelli falleció. Todo indica que el  corona-virus no le quitó su vida, sino que él la entregó para ayudar a otros. Tal vez no había querido hacer otra cosa durante su existencia.
En nuestro país, por su parte, tomamos conciencia que hay muchas personas ayudando a otros y otras en estos momentos. Tal vez a algunas no les queda otro camino, pero el asunto es que, de hecho, están ayudando: barrenderos, carabineros, enfermeras, cajeras y cajeros de supermercado, choferes de micro, médicos, jóvenes atendiendo a personas mayores, personas dedicadas a la ciencia… ¡incluso algún filósofo! Caemos en la cuenta que vivir es formar parte de una inmensa red de ayuda mutua. El universo es como un jardín.
Nos han querido convencer que el principio es acumular, sobrepasar y dominar. Acumular fuerza, sobrepasar al del lado, hacer sentir los términos de quien domina. El avance entero del cosmos no sería si no sed de dominio. Pero en este momento de vulnerabilidad podemos ver más allá.
El sufrimiento viene asociado con la verdad: entre ambos hay amistad conyugal. La lucha por la existencia lleva inscrita la colaboración. Así como la vida de Ignacio de Loyola llevaba inscrito un gran deseo de ayudar a las ánimas. Él reconoció que se trataba de un deseo humano y divino, del buen espíritu, íntimo y social. Incluso podría afirmarse que todo el cristianismo no es otra cosa que pasión por ayudar. Salvar, colaborar, aportar, cuidar, custodiar, acoger, aconsejar, enseñar, perdonar, donar, curar, organizar, legislar, producir, transportar, cocinar, limpiar, escribir, pintar… son todas palabras de la familia de ayudar.
Gabriel Mistral preguntaba: ¿a quién serviste hoy? ¿A quién ayudaste hoy?

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