Pedro Labrín SJ, párroco de la Santa Cruz: “Jesucristo nos está dando la oportunidad de estar con Él esta noche”

A las 17.00 del 5 de julio de 2018 fue la primera vez que la parroquia Santa Cruz de Estación Central funcionó como albergue con 100 camas dentro del templo. La imagen, con decenas de camarotes puestos frente al altar, causó sorpresa y muestras de alegría, no solo para la comunidad, sino también para muchas otras personas.
La solicitud fue un requerimiento de la municipalidad de Estación Central, que emanó desde el ministerio de Desarrollo Social. Este invierno se estrenó el Código Azul, un dispositivo que se activará cuando las temperaturas bajen de los 0 grados o se encuentren bajo los 5 grados con posibilidad de lluvia, según la predicción meteorológica. Se estiman unos 15 eventos al año con estas características, y cuando ocurran, el objetivo es contar con espacios adecuados que puedan servir de refugio a personas en situación de calle y así evitar poner en riesgo sus vidas. En este caso, además colaboró en la implementación el Ejército, a través del Regimiento Buin, y el Hogar de Cristo.
“El desafío nuestro es que la parroquia siga funcionando, salvo reuniones que se han suspendido, pero nuestras celebraciones litúrgicas, la misa cuando corresponda, va a ser con todos los que estemos adentro, invitándolos libremente a quienes se cobijan acá a que participen, y lo harán a su modo”, dice el párroco de la Santa Cruz, el jesuita Pedro Labrín SJ.
¿Cuál fue la recepción de la comunidad parroquial?
La respuesta fue inmediata. Aquí tenemos una comunidad fuertemente sellada por la labor social. Todos los días funciona un comedor para personas en situación de calle, sostenido por voluntariado, con recursos propios, que atiende entre 60 y 100 personas diarias. Además, en invierno se ofrecen 250 raciones de once, consistentes en una taza de leche caliente con un sanguchito, para ayudar a afirmar un poco la dieta en estos tiempos más duros del invierno.
Es una parroquia que está permanentemente relacionándose con la comunidad más pobre y más abandonada. Así que decir que sí no nos costó nada. Es parte de la identidad de la Santa Cruz y como párroco me siento súper orgulloso. Para este dispositivo del Código Azul fue todo muy rápido, no tuve la oportunidad de hacer consultas muy masivas, salvo algunos dirigentes, pero cuando presenté la idea en la misa fue un aplauso cerrado.
Estamos haciendo esto, primero, por fidelidad al evangelio. No tengo alojamiento y me recibiste en tu casa. Esa expresión es fundante para tomar una decisión. Segundo, porque tenemos una infraestructura privilegiada, en un contexto arquitectónico que el entorno no posee. Tercero, porque creemos que la fe y la vida tienen que integrarse, y esto supone también establecer vínculos y alianzas con otros ámbitos de la ciudadanía. En este caso, un valor fundamental es cuidar la vida de quien está en riesgo por estar en situación de calle.
Y bueno, no hay nada más evangélico, nada más cercano de lo que el Padre Hurtado y Jesús quieren y de lo que el Papa Francisco nos ha invitado, al desafiarnos a ser una Iglesia en salida, un hospital de campaña, que no tengamos miedos a las heridas. Aquí está todo a su disposición y lo hacemos desde la convicción de que Dios quiere esto.
También hay una planilla de voluntarios que están muy organizados. Ya está lista la gente cuadrada con mantención y aseo de los baños, con recepción e instalación de quienes lleguen a alojar y con la limpieza permanente del lugar hasta la medianoche. La respuesta es generosa también en ponerse con el trabajo.
¿Cuál es la importancia de un gesto así en el contexto actual de la Iglesia?
Esto lo realizaríamos con crisis o sin crisis. Y se hace anónimamente, estoy seguro en muchos lugares. Ahora, si sirve para hacer comprender que la Iglesia es más que los sacerdotes abusadores, que el encubrimiento, que la autoridad, que la vinculación con el poder. La Iglesia es sobre todo un pueblo de Dios en donde desde abajo se está viviendo el Evangelio con mucha generosidad, y hay a quienes esta crisis no nos remueve desde el punto de vista de la fe.
¿Cuál es el papel de los laicos?
Yo estoy sentado aquí en este momento. Y los laicos están trabajando. Son ellos los que van a tener que ayudarnos llamando al fono calle o en la página web del Código Azul cuando encuentren alguna persona en esta situación. Son los laicos los que ojalá se conmuevan no solo con llamar, sino en traerlos hasta acá. Son ellos los que componen el voluntariado generoso que se sabe que va a ser duro, por las condiciones en que llega una persona en situación de calle respecto de la higiene o de las conductas, y ahí estarán ayudando. Yo trabajaré en cuanto sea necesario como uno más. Pero esto es sostenido y liderado especialmente por laicos.
Usted dijo en una entrevista que las eucaristías tendrían mucho más sentido…
Por supuesto. La raíz cristiana está en la preferencia radical por el más pobre, en la obligación de compartir los bienes, de amar al prójimo como uno mismo para que sea realmente agradable a Dios. Imagínate que los que no tienen nada van a estar abrazados por Jesús en su casa, en un pesebre bien arreglado para que los favoritos -que no son los favoritos para quienes construimos la sociedad- tengan una experiencia de dignidad en un momento súper duro que les puede costar precisamente su vida. Celebrar la misa es compartir el pan, es dejarnos alimentar por Jesucristo con su cuerpo y con su sangre y compartirlo con quienes tienen necesidad, con quien tiene hambre y sed, con quienes despreciamos, con los invisibilizados, con todos los que Jesús quiso. Para ser su discípulo hay que tratar de imitar en algo y creo que Jesucristo nos está dando la oportunidad de estar con Él esta noche y las noches que dure la emergencia.
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