Primera semana de Adviento

Comentario a las lecturas de la liturgia del 27 de noviembre al 3 de diciembre.

Comenzamos ya un nuevo año en el tiempo de la Iglesia. Cumpliendo las indicaciones del Concilio Vaticano II, la liturgia nos abre distintas páginas de la Escritura, en un ciclo dominical de tres años, para que nos vayamos empapando del Misterio de Cristo. El año 2017 es año inicial de un nuevo ciclo. Es un año “A”, en el que podremos oír, ver, sentir a Jesús de manera especial en el evangelio de san Mateo.
Pero en el domingo que abre esta semana, comenzamos casi por el final. Porque el Adviento no es sólo el tiempo de la festiva espera del Nacimiento del Señor en nuestra carne. Es el tiempo en que recordamos que el Señor no sólo vino, sino que vendrá. Por lo tanto, tenemos que estar preparados, porque vendrá “a la hora menos pensada”. Vendrá para todos al fin de los tiempos, y vendrá para cada persona, en cualquier momento. Y viene a nosotros a cada rato, porque, como nos dice precisamente el evangelio de Mateo, lo que dejamos de hacer, o hacemos, por el menor de nuestros hermanos o hermanas, lo omitimos o lo hacemos por Él. Ojalá, entonces, la preocupación por los balances, las evaluaciones o los regalos, no nos impidan conservarnos en vela, esperando al que anuncia que llegará ‘como un ladrón’.
Tampoco se trata de vivir en el temor. Tanto Isaías, como san Pablo en su carta a los Romanos, nos alientan a esperar la salvación, que ya está cerca. Isaías, sobre todo, la anuncia como tiempo de paz, cuando los pueblos transformarán las armas en herramientas. El Año Jubilar de la misericordia, que acabamos de celebrar, nos ha dejado, seguramente, un ánimo disponible a la reconciliación, al perdón y a la amistad. También allí viene el Señor, todos los días.
En este tiempo, la primera lectura de la mesa de la Palabra en los días de semana, lee a Isaías en un orden relativamente continuo, pero se centra más en la preparación espiritual a la venida del Señor. Una venida que mueve a la conversión y, sobre todo, anima a la esperanza. Cada día del Adviento tiene su tinte propio, que conjuga cierto matiz penitencial con la alegría de saber que el Señor está cerca.
En el Adviento, el santoral nos propone celebraciones importantes. A diferencia de la Cuaresma, las celebraciones de los santos conservan su grado, por lo que tienen preferencia respecto de la misa ferial, aunque en las memorias se conservan las lecturas feriales. En esta semana, el miércoles 30, se celebra como fiesta (por lo tanto se reza o canta el Gloria) el recuerdo del apóstol san Andrés, el primero de los llamados por Jesús, patrono de la Iglesia griega. En ese día, una delegación especial suele visitar al patriarca de Constantinopla en nombre del Papa, signo de cómo ha crecido el sentido de fraternidad entre ambas iglesias. El jueves 1 de diciembre, el calendario jesuita recuerda la memoria de san Edmundo Campion y un grupo de santos y beatos ejecutados entre  1573 y 1679, en Inglaterra y Gales,  por defender el primado papal contra la ley inglesa que aseguraba la supremacía del poder del rey sobre la Iglesia. A ellos podemos pedir que nos ayuden a orar por la unidad de los cristianos, en este año del V centenario de la Reforma.
¡Ven, Señor Jesús!

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