Quinta semana de Cuaresma

Comentario a las lecturas de la Liturgia entre el 13 al 19 de marzo.
“No se acuerden de las cosas pasadas (…); yo estoy por hacer algo nuevo”, nos dice el Señor por medio de Isaías esta semana. Lo decía para animar al pueblo que padecía el exilio en Babilonia, recordando las hazañas del Señor en el Éxodo. Este año de la misericordia es un año de abrirnos a la constante novedad del amor de Dios. Una novedad que nos resulta inimaginable… Porque nosotros podemos perdonar, pero no olvidar. El Señor nos perdona y nos invita a volver a Él, y se olvida de nuestras deudas. Es lo que nos dice la Iglesia al ofrecernos “la indulgencia” en el nombre del Señor. Ya la semana pasada, la misericordia del Padre para con sus hijos nos invitaba a entrar en la fiesta del perdón. En este domingo, nos ofrece una escena, tal vez, más fuerte: la del perdón de la mujer adúltera.
Dice un comentarista que, si se hubiera tratado de una mujer casada sorprendida en adulterio, el marido ofendido la habría estrangulado. Que, por lo tanto, se trata de una prometida, infiel a su novio. Por eso, es traída para ser juzgada y apedreada por la comunidad.
No hace falta investigar muy cuidadosamente en la Escritura, para ver en la adúltera una personificación del pueblo-esposa, tantas veces llamado a la conversión por los profetas, como en Ezequiel 16 o en Oseas (especialmente en Os.2, 4-3,5). Y Jesús, ante quien es traída la adúltera… es el novio ofendido (Cf. Juan 3,29-30). Así, la mesa de la Palabra en este domingo nos invita a mirarnos como comunidad y como personas individuales, para que nos fiemos no en nuestra justicia propia, sino en la justicia que nace de la fe en Cristo, como nos propone san Pablo en la carta a los filipenses. Así  nos disponemos a acompañar a Jesús en el recuerdo de su Pasión, para que podamos reconocerlo y asistirlo en quienes la comparten más de cerca en medio de nosotros.
Durante la semana, en la mesa de la Palabra se seleccionan signos y palabras de Jesús entre los capítulos 8 a 11 del evangelio de san Juan. La historia de Susana  en el libro de Daniel, nos recuerda el lunes el perdón de la adúltera que hemos meditado el domingo. Desde el martes al jueves, asistimos a las controversias de Jesús con los fariseos, ambientadas por la historia de la serpiente de bronce en el desierto, la de los jóvenes israelitas arrojados al horno de fuego en Babilonia y la solemne promesa de Dios a Abraham. La respuesta de los interlocutores de Jesús, que intentan apedrearlo, contrasta con el esfuerzo revelador del Cristo Esposo, dispuesto a dar la vida por la esposa. El viernes, las normas litúrgicas permiten elegir entre la celebración ferial (en la que el profeta Jeremías, perseguido, prenuncia la Pasión) o la de Santa María junto a la Cruz.
El sábado, en cambio, la Solemnidad de San José, esposo de la Virgen María, introduce un paréntesis en el ambiente cuaresmal, y nos prepara a celebrar la entrada triunfal en Jerusalén del Hijo del carpintero.
En el santoral de la semana, el jueves 17 puede recordarse al obispo san Patricio (385-461), apóstol y patrono de Irlanda, y el viernes a san Cirilo de Jerusalén (315-386), obispo, profundo catequista de la iniciación cristiana.

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