El jesuita Pablo Walker y la teóloga laica Sandra Arenas —que han participado activamente de estos últimos acontecimientos—, reflexionan sobre ello. También abordamos el fenómeno de la violencia que ha arreciado con tanta fuerza; el modo en que distintas obras de la Compañía de Jesús han respondido a la contingencia; y les contamos cómo el Padre Hurtado, décadas atrás, alertaba a la sociedad chilena al constatar un escenario increíblemente similar al que vivimos hoy.

Sabemos que Jesús nació compartiendo la suerte de la población precaria de su tiempo. Y, luego, tomó la opción de permanecer allí. Sabemos también que se encarnó en medio nuestro, y que, como Dios hecho humano, nos mostró la necesidad de acoger, particularmente lo tenido por “distinto”, en la propia vida… personal, comunitaria y social.  Esas pueden ser pistas que nos ayuden a vislumbrar, desde el Jesús recién nacido, por dónde seguir caminando.

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