Por Max Echeverría Burgos, nSJ

Todos, sin importar nuestra historia, hemos tenido que pasar por momentos de elecciones que han marcado alguna etapa de nuestra vida. Deténganse solo unos segundos a pensar o sentir lo que vivieron en aquel momento… Se preguntarán, ¿qué tiene que ver todo esto con la vida de un santo que vivió hace más de 460 años?

Estanislao de Kotska nació en Polonia el año 1550, en medio de una familia de nobles polacos. ¡Y con tan solo 14 años sintió el gran deseo de ser jesuita! Digo “gran deseo” pues tuvo una fuerza movilizadora, creativa y determinada que lo llevó a irse de su casa a los 17, para peregrinar desde Polonia a Roma, donde finalmente sería aceptado para entrar en el noviciado de la Compañía de Jesús, al constatarse la determinación de este joven apasionado. Sin embargo, morirá muy pronto: el mismo año de su ingreso.

La fuerza del deseo de Estanislao nos sigue movilizando hoy día como cristianos. Así también, su recuerdo debería llevar a preguntarnos, ¿cuáles son aquellos deseos movilizadores que hay en mi vida? No para encontrarlos y mirarlos como en una galería de trofeos, sino para CREER y LANZARSE a ellos.

CREER, porque hemos perdido la capacidad de confianza en nosotros mismos y en los demás, ante una sociedad que carece de credibilidad. A ratos nos entibiamos y es más fácil el silencio que la denuncia, la queja que el argumento, la indignación que la solidaridad, el rito que el Evangelio… San Estanislao es enormemente creíble, pues su vida fue coherente de principio a fin: verdadera, audaz y evangélica. Mirarlo en estos términos hace que en nosotros no se agote el fuego que vino a traer Jesús a nuestra tierra (cf.  Lc 12, 49); y, a la vez, nos hace mirar, y prestar atención, dónde hoy comienza a gestarse ese fuego que habla de renovación y nuevos caminos que tomar.

CREEMOS para LANZARNOS a estos caminos. Estanislao sintió con fuerza ese fuego y no dudó en poner medios para tomar la ruta que se le dibujaba en su vida. Hoy nos toca ver cuál es el camino que se abre al paso de este fuego que se enciende en nuestra vida. El camino que se abre para la Iglesia desde el fuego que habita en el Pueblo de Dios; el camino que tenemos que tomar en torno a nuestras relaciones personales, familiares, afectivas y comunitarias.

Recordar hoy a San Estanislao es contemplar a un hombre que supo escoger con fidelidad a ese fuego, pues gustó la vida, el gozo y el amor que Dios regala en cada paso de este largo camino que es su seguimiento.

Que este joven Santo interceda ante Jesús para que podamos siempre elegir el camino que se abre desde el fuego del Espíritu de Dios en cada uno de nosotros.