Segunda semana de Cuaresma

El segundo domingo de Cuaresma siempre nos hace contemplar el misterio de la Transfiguración. También nosotros, como los primeros discípulos, necesitamos vislumbrar la gloria del Hijo de Dios, para animarnos a ser sumergidos (bautizados) en su muerte y participar así de su resurrección.
La Transfiguración no sólo constituye la revelación de la gloria de Dios en Jesús de Nazaret. Expresa también el cambio de régimen: El designio amoroso de Dios que ha elegido a su pueblo, no se realiza en la Ley y los Profetas sino en la escucha del Hijo de Dios. Como los discípulos, podemos tener miedo a apartarnos de la seguridad de la ley, pero Jesús mismo nos invita, como a ellos, a no tener miedo. Hay que bajar del monte y sumergirse en la vida cotidiana, para que en ella el Espíritu nos guíe y nos haga buenos testigos de ese amor de Dios que cantamos en el salmo de meditación: Él tiene sus ojos fijos en nosotros, para librarnos de la muerte y sustentarnos en la indigencia. Hemos de escuchar la voz de Cristo en la vida cotidiana, reconocerlo en cada uno de los hermanos más pequeños.
El leccionario ferial lo podemos leer bajo la luz que proyecta el domingo: Ante el designio amoroso de Dios, nuestra respuesta ha sido negativa, pero él escucha nuestra oración arrepentida y, en Jesús, nos llama a ser misericordiosos como Él (lunes). Por lo tanto, recordemos que sólo hemos de escuchar a Jesús nuestro único maestro, y ordenemos nuestra vida de acuerdo con él, que se pone entre los últimos (martes). No nos dejemos llevar por nuestra tendencia a figurar y a tener poder, sino que seamos auténticos discípulos del que se hizo servidor de todos (miércoles). Escuchemos al Hijo amado del Padre, que clama a nosotros en la persona de los marginados y olvidados de nuestro mundo: en ello nos jugamos la salvación (jueves). Y  (el viernes) no pensemos que los arrendatarios de la parábola fueron sólo los escribas y sacerdotes del tiempo de Jesús… podemos ser nosotros, si creemos que la salvación depende de algunas prácticas rituales, al margen de la justicia y el cuidado por los otros. El Hijo amado del Padre ha venido a revelarnos nuestra filiación, y a invitarnos a la fiesta que el Padre nos prepara (sábado).
El santoral universal, en esta 2ª. semana de Cuaresma, se reduce a recordarnos el viernes 17 a san  Patricio patrono y apóstol de Irlanda (fue hecho obispo en el año 432, y no se sabe la fecha de su muerte) y, el sábado 18 a san Cirilo de Jerusalén (+386), padre de la Iglesia que dejó a la posteridad sus catequesis pre y postbautismales, por lo que resulta adecuado recordarlo en el tiempo de Cuaresma.

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