Séptima semana de Pascua

Comentario a las celebraciones litúrgicas de la séptima semana de Pascua (8 al 14 de mayo).
En todas las misas, en medio de la plegaria eucarística, tras haber recordado el momento de la institución de la Eucaristía, pedimos que, por la acción del Espíritu Santo, quienes comulgamos el Cuerpo y la Sangre del Señor, seamos incorporados a ese mismo Cuerpo. Así, nos ofrecemos con Cristo al Padre, para hacer presente en nuestro mundo el mismo amor con que Jesús se entregó por nosotros. En el domingo que abre esta semana, la oración colecta pide que se refuerce nuestra fe en que llegaremos a participar, como cuerpo de Cristo, de la gloria que ha alcanzado nuestra Cabeza. Lo que pedimos en cada misa ha comenzado ya a realizarse, y eso es lo que celebramos en esta solemnidad de la Ascensión. La victoria ya ha sido alcanzada. Por eso, se nos invita a no quedarnos mirando al cielo, sino a comprometernos confiadamente en el trabajo diario. Aquí es donde –en palabras de san Pablo- acude el espíritu de sabiduría y revelación, que permite que podamos valorar la esperanza a la que hemos sido llamados, y reconocer la grandeza del poder con que Él trabaja en nosotros, los creyentes. El Espíritu es el que nos da la fuerza para que seamos testigos del Señor en todas partes.
La semana está marcada por las despedidas de Jesús y de Pablo. El discurso de la Última Cena llega a su punto culminante, cuando Jesús ora por sus discípulos de entonces y de ahora, pidiendo especialmente que vivamos unidos. De hecho, pide algo más: Que seamos uno como él es uno con el Padre: un modelo de unidad que sólo el Espíritu puede lograr. Así, esta semana la mesa de la Palabra nos dispone para que, en la semana siguiente, oremos especialmente por la Unidad de los Cristianos, asociándonos a quienes en diversas partes del mundo oran por esa intención desde hace más de un siglo. En el hemisferio norte, la Semana se celebró en enero; entre nosotros, la celebramos desde Pentecostés hasta la Solemnidad de la Santísima Trinidad, y este año oraremos bajo el lema: Destinados a proclamar las grandezas del Señor[1], agradeciendo lo que hemos podido avanzar en unidad y pidiendo perdón por los obstáculos que aún ponemos en el camino de la unidad.
En el santoral de la semana, la única celebración obligatoria es la fiesta del apóstol  san Matías, el sábado 14. Una fiesta muy adecuada para la víspera de Pentecostés: antes de la efusión del Espíritu, la comunidad se siente obligada a discernir por sorteo para elegir al reemplazante de Judas en el colegio apostólico.  Además, el santoral de estos días permite recordar el jueves 12 a san Pancracio (+304?), un mártir de cuya vida hay muy pocos datos seguros, pero que tiene muchos devotos en el mundo del comercio. Y el 13 se puede celebrar también la memoria del comienzo de las apariciones de la Virgen María en Fátima (año 1917).
No nos quedemos mirando al cielo: recordemos especialmente que el mes de mayo es también el mes de las encíclicas sociales y procuremos participar en todo lo que contribuya al bien común. Sobre todo, tengamos presente que se nos está llamando a participar en el proceso de elaboración de una nueva Constitución para nuestro país.

[1] Material para la Semana de Oración: http://iglesia.cl/especiales/semanaoracion2016/octavario.php

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