Alégrense, que el Señor está cerca, es el mensaje gozoso con que se abre esta semana. Las palabras de Pablo a su querida comunidad de Filipos terminaron dando nombre a este domingo, porque son la antífona del salmo de entrada: Alégrense siempre en el Señor, les repito, alégrense… El tiempo de Adviento, hasta ahora más centrado en la venida del Señor al fin de la historia, se fija ahora en la cercanía de la Navidad. El cambio de tono se comunica al calendario ferial a partir del 17, cuando la liturgia de la Palabra y los formularios de las misas no se determinan por el día de la semana, sino por la fecha. En la oración de la tarde (las “Vísperas”), las antífonas del cántico de María, van saludando al Mesías con diversos títulos: SabiduríaAdonai [= Señor], Raíz del tronco de JeséLlave de David, [Sol que nace del] OrienteRey de las Naciones y Emmanuel. En el cancionero litúrgico, esas antífonas se transformaron en las estrofas del himno: “Cielos, lloved vuestra justicia”.

La respuesta de Jesús a los mensajeros de Juan en el evangelio de este domingo, nos muestra cómo discernir la presencia del Señor en medio de la comunidad: “Los ciegos ven, los paralíticos caminan…, la Buena Noticia es anunciada a los pobres”. Al mismo tiempo, nos indica la manera como deberíamos comunicar a los demás la alegría del Evangelio: Curarnos mutuamente las heridas, vivir con sencillez, entre los pobres y para los pobres. El que reconozcamos estar lejos del ideal, debería animarnos a la conversión personal y comunitaria, para que nuestra celebración de Navidad sea más ante el pesebre de Belén, y no ante un efímero decorado de luces que nos haga olvidar la realidad de nuestro mundo. Pero, “tengamos paciencia”, como nos dice el apóstol Santiago… No nos desanimemos porque no podemos palpar inmediatamente el Reino que esperamos. No somos nosotros los que lo construimos. Sólo colaboramos rellenando hondonadas y rebajando montañas, preparando el camino para que el Señor entre en nuestras vidas. Nos apropiamos del llamado del Bautista, para dejarnos iluminar por la Luz que viene a sacarnos de las tinieblas y las sombras de la muerte.

La semana previa a la Navidad se abre el martes 17 con la lectura de la genealogía de Jesús en el evangelio de Mateo: Puede sonar aburrida, hasta que nos fijamos en la historia de pecado y de gracia que se evoca en la lista. Además, en una cultura como la judía -donde la pertenencia al pueblo se hereda de la madre-, llaman la atención las pocas mujeres que son nombradas: Tamar, Rahab, Rut, y “la-que-había-sido-mujer- de-Urías”. Cada una de ellas tiene una historia que nos habla de la benevolencia de Dios, y de cuál es el barro que el Hijo de Dios viene a asumir como propio.

No hay celebraciones obligatorias de los santos en estos días privilegiados. En el calendario universal, el sábado 21 se puede recordar a san Pedro Canisio (1521-1597), jesuita, doctor de la Iglesia. Pero el calendario de la Compañía lo celebra el 26 de abril.

Contemplamos, entonces, en los evangelios previos a la Natividad, que harán que podamos sentirnos cercanos al apóstol san Juan cuando escuchemos: “Lo que hemos visto con nuestros ojos (…) y tocado con nuestras manos es lo que les anunciamos”.

José M. Arenas SJ

Liturgista amateur y colaborador frecuente del sitio Jesuitas Chile. Da Ejercicios Espirituales y forma parte del equipo del Centro de Espiritualidad Ignaciana. Consultor del Arzobispado, de la Conferencia Episcopal y de la Santa Sede en temas de ecumenismo y diálogo interreligioso.

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