Tercera semana del tiempo durante el año

Comentario a las lecturas de la liturgia en la semana del 24 al 30 de enero.

La presentación literariamente elaborada del evangelio de san Lucas, que esta semana precede a la escena en que Jesús inicia su ministerio en la sinagoga de Nazaret, parece introducirnos solemnemente, por fin en este Año Jubilar de la Misericordia. El propio Jesús declara solemnemente que en este día se comienza a anunciar la Buena Noticia a los pobres y se proclama el año de gracia del Señor.
“Año de gracia” puede sonarnos tan espiritual, que se nos escape lo que escucharon los compatriotas de Jesús en su sinagoga. Porque el ‘año de gracia’ –que debía celebrarse cada ‘siete semanas de años’, es decir cada cincuenta años- era un año en que la tierra misma debía descansar: No se sembraba sino que se recogía lo que la tierra produjera por sí misma; quienes habían debido vender por pobreza el terruño familiar debían recuperarlo, y se condonaban todas las deudas. De modo que quienes por miseria habían terminado siendo esclavos de sus conciudadanos judíos, recuperaban su libertad. Por eso, la bula Misericordiae vultus (n.16) nos invita a: “Llevar una palabra y un gesto de consolación a los pobres, anunciar la liberación a cuantos están prisioneros de las nuevas esclavitudes de la sociedad moderna, restituir la vista a quien no puede ver más porque se ha replegado sobre sí mismo, y volver a dar dignidad a cuantos han sido privados de ella”.
El compromiso eclesial que esto supone, en cierta manera resulta evocado en los textos que preceden al evangelio en este domingo. Porque el primero es la renovación del compromiso de fidelidad a la Alianza que hace el pueblo de Israel, al regresar a Jerusalén después del Exilio. Es el punto de partida del judaísmo como tal, a mediados del siglo V a.C., cuando se recoge lo que se puede considerar la última recopilación de la Torah. Por su parte, el texto de la primera carta de Pablo a los Corintios que se lee en este domingo, podemos considerarlo como la invitación a reconocer cómo el Espíritu es el que promulga la Nueva Ley, escrita en los corazones de quienes se incorporan al Cuerpo de Cristo, que es su Iglesia. Una ley que da a cada fiel el lugar desde el que puede servir al Cuerpo en su totalidad. Este Cuerpo, la Iglesia está llamado en este año a manifestar la misericordia de Dios, su cariño, por todos los seres humanos.
En las primeras lecturas de esta semana, seguimos la historia del Dios fiel que guía a su pueblo por medio de David, reconocido como rey por todas las tribus de Israel y de Judá, instalando en Jerusalén no sólo su capital, sino el centro religioso del pueblo, al entronizar allí el Arca de la Alianza… Pero no son los soportes externos los que aseguran la fidelidad humana a la alianza, como podemos apreciarlo en la historia del pecado de David: ‘el pastor’ que Dios ha puesto al frente de su pueblo se revela frágil e infiel. Pero su arrepentimiento da ocasión a que se manifieste la misericordia de Dios. Una misericordia que puede parecernos excesiva en nuestra época, tan pródiga en condenas mediáticas. Quizá eso puede ayudarnos a entender el desconcierto y el rechazo de los contemporáneos de Jesús, que encontraban su seguridad en la fiel observancia de la letra de la ley. Las leyes inexorables, la cárcel y el confinamiento de ‘los malos’ fuera del mundo de ‘los buenos,´ aún hoy siguen pareciendo más seguros que el poner la otra mejilla, o tender una mano fraternal al que está en desgracia. Por eso, aunque en la semana pasada veíamos que hasta entre sus parientes Jesús provocaba rechazo, en esta, podemos escuchar con confianza que aceptar a Jesús y cumplir la voluntad del Padre nos transforma en la auténtica familia de Jesús, a quienes Él habla con claridad y no sólo en parábolas. Junto a Él no deberemos temer ninguna tormenta, ya que el viento y el mar le obedecen.
El santoral de esta semana, nos hace celebrar el 25 la conversión de san Pablo El 26 recordamos a Timoteo y Tito, discípulos a los que san Pablo formó y orientó en sus cartas, cuando los había puesto al frente de las iglesias de Éfeso y Creta respectivamente. El 27 podemos recordar a santa Ángela de Mérici (+1540), fundadora de las ursulinas y el 28 celebramos a santo Tomás de Aquino (+1274), doctor de la Iglesia.

Compartir:

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter

Noticias Relacionadas

Podcast sobre Seminarios de Ecología Integral

El Grupo de Ecología Integral de la Red de Centros Sociales de la Conferencia de Provinciales de América Latina y el Caribe (RCS/CPAL), pone a disposición de los interesados los audios en formato de podcast sobre los seminarios realizados durante el 2020.

Padre Hurtado nombrado Patrono de la Facultad de Derecho de U. Finis Terrae

Luego de trabajar intensamente en el proyecto, la Facultad de Derecho de la Universidad Finis Terrae nombró al Padre Hurtado como su Patrono. Esto significa en términos prácticos, que tanto para profesores como para alumnos, San Alberto es un modelo de santidad que quisieran imitar como juristas. Recordemos que el Padre Hurtado era de profesión, abogado.