Vigésima novena semana del tiempo durante el año

Del 16 al 22 de octubre
Hace algunas semanas oímos la frase de Jesús: “Si ustedes que son malos saben dar cosas buenas a sus hijos ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan!” En este domingo, Lucas recuerda cómo Jesús enseñaba a orar siempre, sin desanimarse. Pero, Jesús no dice, ni antes ni ahora, que Dios nos va a conceder exactamente lo que le pedimos y como se lo pedimos. Orar sin desanimarse no significa presionar a Dios con nuestros gritos, hasta que se canse y nos dé lo que le pedimos, sino ponernos ante Él, para que su Espíritu nos ayude a ver las cosas desde su punto de vista. Tal vez suceda lo que pedíamos en un primer momento, pero lo más probable es que cambie nuestra percepción y descubramos cómo Dios está junto a nosotros en los momentos de angustia y oscuridad, como los que vivía la comunidad de Lucas en los tiempos de Nerón y de Domiciano, cuando ser cristiano comenzó a ser considerado delito. Además, si la oración nos hace ver la realidad desde Dios, nos hará también escuchar el clamor de quienes están en peor situación, y nos mostrará qué podemos hacer para que haya justicia y equidad a nuestro alrededor. Tal vez más que identificarnos con la viuda de la parábola, deberíamos identificarnos con el juez inicuo, y recordar por la viuda las palabras de Jesús: “Lo que le hiciste al menor de mis hermanos…” Es posible que así logremos que, cuando Él venga, encuentre fe sobre la tierra.
En la semana, entramos de lleno en los capítulos de Lucas que nos invitan a estar preparados para la venida del Señor. Nos quedan sólo cinco semanas de este Año Santo de la Misericordia… tiempo para aprender a ser “misericordiosos como el Padre”. Para que nuestra fe se manifieste en el amor: esa fe que nos lleva a colaborar en la obra creadora y a anunciar la venida del Señor, como consumación y glorificación de toda la vida que hayamos dado a nuestro mundo. Por su parte, la carta a los Efesios, que comenzamos a leer la semana pasada, nos levanta a la esperanza que se fundamenta en el designio amoroso de Dios. Pablo nos invita a dejarnos deslumbrar y conmover por el misterio de ese amor que nos reconforta y nos impulsa a dejarnos incorporar cada día más en el Cristo total. Hemos de proclamar, entonces con la vida, las maravillas que el Señor opera en favor nuestro, y también hemos de anunciar que esas maravillas nos comprometen a trabajar por un mundo más justo, más semejante al banquete que Dios nos prepara en su Casa.
En el santoral, el domingo impide las memorias de santa Eduvigis (+1243) y de santa Margarita María de Alacoque (+1690). Pero el lunes 17 celebramos al patrono que eligió Íñigo de Loyola en Paris: el obispo, mártir y padre de la Iglesia, san Ignacio de Antioquía (+107?); el martes 18 se celebra la fiesta del evangelista san Lucas, martirizado posiblemente en Grecia. El miércoles 19 se celebra a los mártires jesuitas de la Nueva Francia (región de los grandes lagos en Norteamérica): Juan de Brébeuf, Isaac Jogues, Nöel Chabanel, Gabriel Lallemant, Antoine Daniel, Charles Garnier, sacerdotes, y René Goupil y Jean de Lalande, hermanos. Sufrieron el martirio entre 1642 y 1649. El sábado 22 se puede recordar a san Juan Pablo II, en el aniversario del comienzo de su pontificado, en 1978.

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