Vigésima segunda semana del tiempo durante el año

En la semana anterior, escuchábamos a Jesús prometiéndole a Simón: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”. Esta semana se inaugura con una frase muy distinta: “¡Retírate, ve detrás de mi, Satanás!”, dice el mismo Jesús, al mismo Simón Pedro. Porque la “piedra” que Jesús había elegido, ahora  parece haberse dejado llevar por “la carne y la sangre”, para imaginar que el Mesías a quien había reconocido debía ser un guerrero victorioso, y no un hombre rechazado por las autoridades de su pueblo, condenado a muerte y crucificado. En la consolación, Pedro había reconocido a Jesús como el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Pero, entregado a sus solas luces, sueña con un rey poderoso, como Salomón o David… y seguramente se ve a sí mismo como Primer ministro en ese reinado.
Como Pedro, cada uno o cada una de nosotros, a menudo nos dirigimos al Señor para que nos saque de los problemas de la vida. Por eso, Jesús hoy nos recuerda que el camino es otro: Debemos renunciar a nuestros planes; debemos seguir al Crucificado con nuestras cruces, que no son trajes hechos a la medida. En nuestros defectos, fracasos y debilidades está la fuerza salvadora de Jesús, que nos saca adelante ayudándonos a reconocer que esas debilidades nos hermanan. Así, como hermanos y hermanas, juntos, en Cristo, podemos hacernos víctima viva, santa y agradable a Dios, en el Cristo total al que nos incorporamos renovadamente en cada eucaristía. Allí podemos perder nuestra vida en Él y a causa de Él, ayudándonos mutuamente, superando antipatías y simpatías. Tras reconocerlo como Mesías, Pedro debió renunciar a su mentalidad mesiánica mundana, para tomar el camino de Jesús, prenunciado en las burlas y risas padecidas por Jeremías. Muy a menudo, como Iglesia presente en cada comunidad local, nos tocará, como Jeremías clamar ¡Violencia, devastación…, etc!
La mesa de la Palabra, en esta semana inicial del mes de la Biblia, termina de ofrecernos la carta a los Tesalonicenses y nos adentra en la carta a los Colosenses, Por su parte, los primeros capítulos de la vida pública de Jesús en Lucas – evangelio que nos acompañará hasta el fin de este año litúrgico-  presentan al mismo Jesús movido por el Espíritu, que comienza su misión liberando a los oprimidos por el diablo, llamando a sus primeros discípulos y anunciando la radical novedad del Evangelio.
Tras la omisión de la memoria del papa san Gregorio el Grande (n. 540?, papa entre 590-604) por ocurrir en el domingo, el santoral universal  nos propone la fiesta de la Natividad de la Ssma. Virgen María, el viernes 8. La fecha se fijó por la dedicación, en el siglo V,  de una basílica en el lugar donde habría nacido la Virgen en Jerusalén. De esta datación se fijó la fecha de la Inmaculada Concepción, nueve meses antes. El sábado 9 se celebra la memoria de san Pedro Claver, jesuita (+1654), el ‘esclavo de los esclavos negros’, en Cartagena de Indias (Colombia).

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