Vigésima tercera semana del tiempo durante el año

Comentario a las lecturas de la liturgia entre el 4 y 10 de septiembre.
Septiembre: Mes de la Biblia y Mes de la Patria. Un mes de la Patria que, en la liturgia dominical comienza con la Jornada de los Migrantes. Hoy la Palabra parecería elegida especialmente para invitarnos a mirar por encima de tantas fronteras como las que nos aíslan. Jesús nos invita a amar radicalmente, más allá del mundito familiar; más allá, por lo tanto, de las fronteras nacionales también. Por su parte, la esquela de Pablo a Filemón debería avergonzarnos de que todavía no se haya erradicado del todo la esclavitud, ni siquiera en países que nos decimos cristianos. Ambos textos neotestamentarios dan la razón al párrafo del libro de la Sabiduría que abre la mesa dela Palabra en este domingo: ¿Quien habría conocido tu voluntad [Señor] si Tú mismo no hubieras dado la Sabiduría? Pedimos, entonces, esa Sabiduría que, en este mes, nos permita saborear especialmente la Palabra de Dios y llevarla a la práctica. Que esa misma Sabiduría nos ayude a encontrarnos con las otras iglesias y comunidades cristianas, con las que compartimos este mismo alimento espiritual. Todos somos discípulos del mismo Señor… y sólo a Él debemos amar en primer lugar. La verdad de ese amor se mostrará en nosotros en la medida en que sepamos aceptar nuestras diferencias, para que busquemos juntos cómo superarlas, y cómo enriquecernos mutuamente con los dones que el Espíritu ha derrochado en todas nuestras comunidades.
En la semana, la Palabra nos llama a no tener miedo de reconocer que no vivimos en comunidades ideales. Si Pablo tenía motivos para reprender a la comunidad de Corinto, no debería extrañarnos que los tenga para corregir a nuestras propias comunidades e iglesias. El ‘Pueblo Santo de Dios’ está formado por seres humanos y no por ángeles. Y es  santo porque tiene en común los medios para santificarnos. De nosotros depende que nos dejemos santificar. Porque, al igual que los escribas y fariseos del tiempo de Jesús, nos creemos ya santos y juzgamos a los demás. En el “sermón de la llanura”, que en Lucas reemplaza al sermón de la montaña en Mateo, Jesús proclama las bienaventuranzas y nos señala la manera como podemos ayudarnos a participar de ese camino de felicidad. Mientras tanto, Pablo nos comparte su experiencia y nos ayuda a descubrir la comida eucarística como el alimento que nos une en el Cuerpo de Cristo, para que, como él, podamos también evangelizar con nuestra manera de vivir.
El santoral de la semana está presidido por la Fiesta de la Natividad de la Virgen María. Un cumpleaños que, en el siglo V, se fijó en el día 8 de este mes, cuando se consagró una basílica en honor de la Virgen en el lugar donde ella habría nacido, según tradiciones, en Jerusalén[1]. El viernes 9 el santoral universal recuerda a san Pedro Claver, jesuita catalán que se hizo “esclavo de los esclavos negros” en Cartagena de Indias (+1654). Además el santoral jesuita recuerda el sábado 10 al Bto. Francisco Gárate (+1929), hermano vasco, cuya casa familiar es vecina de la casa-torre de Loyola, y que fue por  largos años el portero de la Universidad de Deusto.

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