26ª. Semana del tiempo durante el año

 Comienza la última semana de septiembre y, como siempre, dedicamos este domingo al Día de Oración por Chile (el, que fuera de nuestro país, coincide con la Jornada Mundial del Migrante y el Refugiado, para la que el Papa Francisco envió un mensaje ya en mayo de este año[1]).  En este contexto, recibimos los llamados que la Palabra de Dios nos dirige en este domingo. Llamados que deberían dejarnos incómodos, reconociendo que corremos el peligro de ser como el rico que banquetea espléndidamente, mientras un pobre ante su puerta no tiene más ayuda que la de los perros que le lamen las llagas. O ser como “los que se sienten seguros en Sión”(los ciudadanos del reino de Judá), a los que el profeta Amós reprende por no afligirse por “la ruina de José” (el reino de Samaria).  Tal vez, vivimos con menos lujos que el rico de la parábola, pero podemos ser iguales a él en la indiferencia con que permitimos que a nuestro lado haya quien sufre miseria social o psicológica. Que el Señor nos conceda, entonces, escuchar lo que aconseja Pablo a Timoteo: “Practica la justicia, la piedad, la fe, el amor, la constancia, la bondad”, actitudes que nos permitirán reconocer y compartir los bienes que hemos recibido de Su mano.

En la semana, la mesa de la Palabra nos ofrece en primer lugar, textos de la época del retorno de Israel desde el exilio en Babilonia. El lunes y el martes la primera parte del libro de Zacarías anuncia el retorno de Israel no sólo a su territorio, sino a la amistad con Dios por lo que todos  pueblos irán a Jerusalén, lugar donde Dios está. Luego se retoma parte de la crónica de Nehemías y se termina la semana con textos de Baruc que reconocen la culpa del pueblo y anuncian el perdón y la restauración. Y el evangelio nos vuelve hacer contemplar a Jesús que, tras verse obligado a recordar a sus discípulos cuáles son los criterios del Reino, se encamina decididamente hacia Jerusalén y manda en misión a los setenta y dos, a cuyo regreso se estremece de gozo y gratitud al Padre, que revela su misterio a los pequeños y lo oculta a los sabios y entendidos.

Modelos de esos pequeños encontramos en el santoral de la semana, con las figuras de santa Teresa del Niño Jesús (1873-1897) y san Francisco de Asís (1182-1226), a quienes recordamos el 1 y el 4 de octubre, respectivamente. Antes, habremos cerrado el mes de la Biblia con el recuerdo del patrono de los biblistas, san Jerónimo (332?-420). El miércoles 2 celebramos a los Santos Ángeles Custodios, patronos del Seminario Pontificio de Santiago, y el jueves 3, el santoral de la Compañía de Jesús celebra a san Francisco de Borja (1510-1572), tercer Prepósito (palabra que significa “puesto delante”) General, en quien el Señor parece querer redimir especialmente a la familia Borgia. Un recuerdo, este último, que puede reconfortarnos en la esperanza y animarnos en el camino de la conversión.

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