34ª. Semana del tiempo durante el año

Rey nos evoca una figura antiguamente muy poderosa, que sigue existiendo en la actualidad, como una persona que simboliza la unidad del país en que reina. Nos evoca una corte puesta a su servicio, en un ambiente lujosamente decorado.

En el domingo que inicia esta semana (la última del año litúrgico) celebramos a Nuestro Señor Jesucristo Rey del Universo, y lo contemplamos en un contexto muy distinto: pendiente de la cruz, recibiendo insultos y burlas, de ‘jefes’, de soldados y hasta de un compañero de suplicio; padeciendo su real “última tentación”: la de mostrar el camino de la salvación por medio de la fuerza y del poder. Y, en la presente situación de nuestro país, seguramente comprendemos sobre todo el desafío del ‘mal ladrón’: “¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros”. Y debemos pedir la fe del que llamamos “buen ladrón”, para compartir la suerte de Jesús y de todos los crucificados de nuestro mundo: que podamos pedir: “Jesús, acuérdate de nosotros cuando llegues a tu Reino”. Que Él mismo nos haga recordar que, para estar con Él, hay que tomar la propia cruz (que no es un traje de medida para lucirse en la alfombra roja) y seguirlo por donde Él va: Nuestra renovación como Iglesia y como sociedad pasa por aprender y enseñar que ‘El que quiera ser el primero en ese Reino, debe ser el último y el servidor de todos’.

Para que Cristo llegue a ser visto en verdad como Rey del Universo, sus discípulos tenemos que aprender cada día a vivir como quienes hemos compartido su muerte (en nuestro Bautismo) y hemos recibido su Espíritu, para participar de la herencia luminosa de los santos, como nos recuerda la carta a los Colosenses, porque el mismo Jesús ha restablecido la paz por la sangre de su cruz.

Durante la semana, la mesa de la Palabra nos invita a disponernos para la venida del Señor, cuando nuestra historia llegue a su punto final. Se leen textos del libro de Daniel, escrito contemporáneo del alzamiento de los Macabeos. Y en el evangelio de Lucas seguimos a Jesús en sus últimos días en Jerusalén. Tras mostrarnos, en la viuda pobre, un ejemplo de donación de la vida, Jesús anuncia a sus discípulos, y a nosotros, el fin de Jerusalén y de la historia. Tenemos que estar preparados, porque se acerca nuestra liberación.

Entre los que ya gozan de la liberación definitiva, el lunes 25 podemos recordar a santa Catalina de Alejandría (+310), mártir, considerada patrona de los filósofos cristianos. El calendario universal en esta semana sólo recuerda, el día 30, al apóstol san Andrés, el primer discípulo llamado por Jesús, según el evangelio de san Juan. Es patrono del Patriarcado de Constantinopla, de modo que en ese día oramos por la unidad de los bautizados. Pero el martes 26, el calendario de la Compañía de Jesús recuerda a san Juan Berchmans (+1621), joven flamenco, patrono de los estudiantes más jóvenes. Mientras tanto, ese mismo día la familia paulina celebra la memoria de su fundador el Beato Santiago Alberione, fecundo apóstol de los medios modernos de comunicación (1884-1971).

Cerramos así este año de seguimiento del Señor, y pedimos ¡Ven, Señor Jesús!

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