El viernes 18 de diciembre, en una eucaristía presidida por el Cardenal Celestino Aós, arzobispo de Santiago, fueron ordenados diáconos en tránsito sacerdotal José Manuel Cruz SJ, Francisco Bettinelli SJ (ARU), Gerardo Aguilar SJ (El Salvador), Félix Velasco SJ (México), y Javier Jiménez SJ (Bolivia), quienes se encuentran estudiando en nuestro país.

Debido a las recientes medidas sanitarias en la Región Metropolitana a causa del COVID-19 esta ordenación fue cambiada de fecha y se realizó en la Parroquia de la Santa Cruz de Estación Central, cumpliendo con todas las restricciones necesarias. La comunidad ignaciana se congregó virtualmente para celebrar con alegría esta fiesta de nuestra Iglesia.

Luego de la liturgia de la Palabra, el provincial de la Compañía de Jesús, Gabriel Roblero SJ, presentó a los cuatro jóvenes, quienes expresaron públicamente su voluntad de recibir el Orden diaconal, se comprometieron a vivir en celibato y a consagrarse al servicio de la Iglesia, con humildad y amor, en colaboración con el Orden Sacerdotal y para el bien del pueblo cristiano, imitando siempre en sus vidas el ejemplo de Cristo, cuyo Cuerpo y Sangre servirán con sus manos.

El amor de Dios hace todo posible

En su saludo de inicio, el Cardenal Celestino Aós hizo referencia al amor de Dios que permite el milagro de la vocación, y que la comunidad se reúna, en esta ocasión virtualmente, para celebrar esta ordenación.

Más adelante en la homilía, el pastor reflexionó sobre la oración en el contexto actual: “Yo les digo recen como cristianos, jesuitas y diáconos. Jesús que los juntó, los dispersará y admiraremos la vida que hará cada uno, la historia de salvación que Dios hará en ustedes. Que este tiempo de diaconado sea para ustedes de oración, de cercanía con Jesús. Ustedes reciben hoy nuevos servicios. Solo rezando podrán mantener el amor sincero, la solicitud por los enfermos y pobres, la autoridad discreta, una vida siempre según los mandamientos”.

El Cardenal Aós explicó que ser diácono es ser servidor: “Sirvan donde les envíe la obediencia, con intensidad, con amor, con humildad y alegría, porque Cristo, el gran servidor se entregó con alegría”.

Más adelante indicó que “el diaconado no se reduce a una funcionalidad eclesiástica, está llamado a dar testimonio de la gratuidad de Dios en el mundo, es una gracia, un don para la Iglesia, hace presente el Reino de los Cielos. Por su ordenación quedan configurados con Cristo, Señor y Siervo. El diácono debe ser modelo para el Pueblo de Dios, que su liderazgo no le lleve a la soberbia o al orgullo, a un clericalismo molesto. Que resplandezca por su buen ejemplo”.

Tras la homilía, José Manuel, Francisco, Félix y Javier fueron ordenados diáconos a través de la imposición de manos del Obispo y de la plegaria de ordenación. Luego, sus familias y los sacerdotes elegidos como padrinos ayudaron a revestirlos con la estola cruzada según el modo diaconal. Inmediatamente después, el Cardenal Aós les entregó el libro de los evangelios, de los cuales estos nuevos diáconos, son mensajeros, recordándoles que crean, enseñen y practiquen la Palabra de Dios.

Al finalizar, Francisco y José Manuel fueron los encargados de realizar la Acción de Gracias.

Los nuevos diáconos

Gerardo Antonio Aguilar Alas SJ

Gerardo nació en San Salvador, El Salvador, el 17 de diciembre de 1988. Es hijo de José Aguilar y María Ermilda Alas, y hermano mayor de Gustavo y Marcela. Una familia muy especial y clave por el apoyo, la confianza y el amor expresado a lo largo de su vida.

Su primer recuerdo vocacional está relacionado al Colegio Externado de San José, donde conoció a la Compañía de Jesús y la pastoral juvenil de la Parroquia Nuestra Señora de la Presentación. En el 2007 ingresó la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas y, en esos años, profundizó su relación con los jesuitas. En el 2010, seis años después de su primera plática vocacional, inició un proceso de discernimiento con la Compañía y fue destinado a vivir en la comunidad de la Parroquia San Antonio de Padua y a trabajar en el Colegio Loyola en la ciudad de Guatemala. Esos meses marcaron su petición e ingreso al Noviciado en Panamá.

En el 2013, realizados sus votos en Nicaragua, comenzó su etapa de Juniorado y Filosofado. Paralelo a sus estudios, se vinculó con la juventud nicaragüense, acompañando la pastoral juvenil de la Universidad Nacional Agraria y apoyando la promoción vocacional de los jesuitas. En las pausas de invierno de esos años fue enviado de misión a las comunidades de la Parroquia San Isidro Labrador en Tocoa, Honduras y de la Parroquia San Bartolomé, Arcatao, El Salvador.

En el 2016 fue destinado a colaborar en el Liceo Javier y vivir en la Residencia y Enfermería de Guatemala. En estos años impartió clases, acompañó estudiantes y docentes, y ayudó en distintas actividades formativas del colegio; además, asumió la promoción vocacional de Guatemala. El tiempo de magisterio desplegó su vocación y celo apostólico en el ámbito educativo.

En el 2018 fue invitado a dar el paso a la etapa de teología en el CIF de Santiago de Chile. En estos últimos años, intensos y fructíferos, Gerardo se ha formado en la Facultad de Teología de la UC y ha acompañado la pastoral del Colegio José Antonio Lecaros.  Este último destino le ayudó a concretar el tesoro de su vocación y, movido por un corazón poblado de muchos rostros e historias y en sintonía con la Gracia, confirmó su llamado a seguir viviendo jesuita y sacerdote.

 Francisco Bettinelli

Nació el 06 de diciembre de 1988 en Buenos Aires. Hijo de Silvia y Ángel, hermano menor de Cecilia, Mariana, Nicolás y Joaquín. Tío de 6 sobrinos. Conoció a la Compañía de Jesús en el Colegio del Salvador donde fue estudiante y participó de sus primeras misiones en La Rioja.

A partir del 2008, formó parte de un apostolado en la Parroquia Caacupé de la Villa 21 en Barracas, y en abril del 2010 entró al Noviciado en Córdoba. Durante ese tiempo, colaboró con la pastoral carcelaria y en la catequesis de Ciudad Mi esperanza.

Del 2012 al 2015 estudió filosofía en el Colegio Máximo de San Miguel, trabajando pastoralmente primero en la Parroquia San José y la Capilla Santos Mártires, y luego en la Capilla Nuestra Señora de Itatí en Santa Brígida. Hizo su Magisterio en el Colegio Seminario de Montevideo, acompañando el movimiento Horneros, y como profesor y tutor.

Desde el 2018 estudia teología en Santiago de Chile, colaborando con la CVX jóvenes y acompañando a un grupo de la pastoral carcelaria. El 2019 formó parte de la comunidad de la Capilla Jesús Pastor de la población Yungay.

Javier Fernando Jimenez Mocobono

Nació el 16 de noviembre de 1984 en Camiri, Bolivia. Es el mayor de los cuatro hijos de Elena y Fernando. Sus hermanas son Ana Gabriela y María Elena, su hermano José Manuel, su cuñada Karenine y su sobrino y ahijado Mateo. Nieto de María, Olga, Pedro y Eduardo. Sus padrinos de bautismo Shirley y “Tito”, quien le hizo gustar la biblia desde muy niño. En el Colegio de las religiosas Franciscanas del Niño Jesús y por el testimonio de Leonardo, Obispo del Vicariato, conoció a Francisco de Asís. Por la catequesis de primera comunión aprendió que “los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros” y con los Scouts aprendió a rezar: “Señor, enséñame a ser generoso…”.

Se trasladó con su familia a Santa Cruz. Durante la secundaria se preparó para la confirmación y su afición por la guitarra lo acercó a la Iglesia. Mientras estudiaba informática participó activamente en la parroquia el Buen Pastor, donde su amigo el padre Carlos Gölden lo animó considerar seriamente la vocación sacerdotal. Acompañó su discernimiento el padre Juan Pablo, quien le sugeriría hablar con los jesuitas. La autobiografía de Ignacio y la vida de Alberto Hurtado marcaron su decisión de postular.

Ingresó al noviciado el año 2012 en Oruro, donde tuvo el privilegio de acompañar a las CEBs y a las comunidades de San Juan Bautista de Machacamarca y Nuestra Señora del Rosario. Colaboró en el hogar de niños del Instituto Benéfico del Sagrado Corazón. Hizo los votos del bienio en la parroquia de Santa Veracruz en Cochabamba. Allí apoyó la pastoral por dos años mientras estudiaba filosofía. Para el magisterio fue enviado a El Alto a colaborar con los generosos equipos del Servicio Jesuita a Migrantes, del Comedor Popular San Calixto y del Observatorio San Calixto. Desde 2018 estudia teología en Santiago de Chile y apoya la labor pastoral del Colegio San Alberto de Fe y Alegría. Y, durante el año pasado, tuvo la gracia de compartir con la comunidad Jesús Pastor de la población Yungay en donde le presentaron a Esteban Gumucio.

José Manuel Hernán Cruz Gantes

Nació el 22 de diciembre de 1981 en Santiago de Chile. Hijo menor de Gonzalo y María de la Luz, hermano de Javiera, Francisca y Tania. Tiene 5 sobrinos: Valentina, Florencia, Julio, Amanda y Laura. Sobrevive una única abuela, Violeta, de 103 años.

Realizó la enseñanza media en el Instituto Nacional y estudió Derecho en la Universidad Católica de Chile, tiempo durante el cual fue miembro de diversos voluntariados como el Preuniversitario Padre Hurtado, el Preuniversitario Juan Pablo II, los Trabajos Voluntarios UC y TECHO, además de involucrarse activamente en la política universitaria. Luego de recibir la Confirmación el año 2006 en la Parroquia San Carlos Borromeo, de La Reina, colaboró ahí como catequista y agente pastoral hasta entrar a la Compañía. Mientras trabajaba en el estudio de abogados Grasty Quintana Majlis se sintió llamado a ser sacerdote, discerniendo la vocación jesuita atraído especialmente por el carisma espiritual de la Compañía de Jesús, el compromiso con la justicia y la inspiradora figura de san Alberto Hurtado.

José Manuel realizó su Noviciado en Valparaíso, ingresando el 18 de marzo del año 2012 y trabajando apostólicamente en la Parroquia La Matriz y en la cárcel de esa ciudad. Cursó el primer año de Filosofía en la Universidad Alberto Hurtado, haciendo apostolado en el Colegio San Luis Beltrán, en Pudahuel, continuando sus estudios en el Colegio Máximo de San Miguel, Buenos Aires, colaborando en la Capilla San Roque y en la pastoral juvenil de la Parroquia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro de Trujui. De regreso a Chile para la etapa de Magisterio, fue enviado a Concepción, sirviendo en el Colegio San Ignacio y la CVX. Desde el año 2018 estudia Teología en la Pontificia Universidad Católica de Chile, haciendo apostolado en Infocap “la Universidad del Trabajador”. Participa también en la Capilla Jesús Pastor, de la población Yungay, y en la Coordinadora Paz de Justicia.

Félix Francisco Velasco Cárdenas

Nació el 31 de marzo de 1981, en la ciudad de México. Es el segundo hijo de Miguel Velasco Ortiz y Teresa Cárdenas Soria. Sus hermanos son Marco Antonio y Araceli, mamá de Jacobo. Félix creció en Ciudad Nezahualcóyotl, Estado de México, junto con sus primos Alfredo y Arturo, y sus tías Clarita, Victoria y Aurea.

De los 18 a los 26 años participó en la Acción Católica, organización donde formó entrañables amistades y donde también conoció a la Compañía de Jesús. Guarda con cariño muchos nombres, y agradece en parte a la Acción Católica su vocación religiosa.

Al término de sus estudios de Ingeniería Electrónica en la UNAM, realizó su Prenoviciado en el Instituto de Ciencias, el colegio jesuita en Guadalajara. En 2009 ingresó al Noviciado en Ciudad Guzmán, mientras que su pastoral la hacía en la comunidad “El Pitayo”. Estudió Filosofía en el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Occidente y a la par colaboró en el Centro de Reflexión y Acción Laboral, lugar donde hizo amistad con trabajadores y trabajadoras de las maquinadoras de la industria electrónica.

De 2015 a 2017 realizó su magisterio en la Sierra Tarahumara, acompañando pastoralmente a comunidades rarámuri, en particular a La Gavilana. Ahí también colaboró en los Centros Culturales y en el Banco de Alimentos de la parroquia de San Miguel de Guaguachique.

En 2018 vino a Santiago para hacer sus estudios de Teología en la Universidad Católica. En este tiempo ha colaborado en la parroquia de La Santa Cruz, Estación Central, acompañando grupos de confirmación para adultos y Comunidades Base.

Félix se siente agradecido por este tiempo de formación y ahora se presenta consolado para recibir las órdenes del diaconado.

 

 

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