Mensaje de la 41ª Asamblea de la CPAL

Compartimos con ustedes el mensaje final de la última Asamblea de la Conferencia de Provinciales jesuitas de América Latina y el Caribe, celebrada del 10 al 14 de mayo.

 

Estimados compañeros jesuitas y miembros del Cuerpo Apostólico

Una vez más nos hemos reunido virtualmente en Asamblea para compartir el camino que venimos haciendo como Conferencia. Ha sido un espacio para orar y discernir nuestra misión y para avanzar en el fortalecimiento de las redes y proyectos comunes. Además de los superiores mayores de nuestras provincias, participaron los asistentes del P. General para América Latina meridional y septentrional, los Superiores y Delegados de Cuba, Amazonas, Haití y Guyana-Jamaica. También participaron todos los miembros del equipo central de la CPAL.

Fueron presentados los informes de trabajo de los miembros del equipo central y también sobre otros temas particulares como: el Proyecto Caribe, la preparación del Año Ignaciano, el Servicio Jesuita a la Panamazonia, la Red de Radios, los proyectos de EduRed, el ‘modo nuestro de proceder’ de la RJM y del SJR/LAC, la Asamblea Eclesial Latinoamericana y del Caribe, y el estado general de las redes de la CPAL. Dedicamos también un tiempo para compartir los procesos de planificación apostólica de cada una de nuestras provincias y regiones, y la manera cómo podemos -guiados por las PAU- integrar y alinearnos en el PAC.2 como un solo y único cuerpo apostólico.

Para presentarle al Señor los frutos de nuestro discernimiento celebramos una eucaristía en la cual cada uno de los participantes compartió y bendijo el pan y el vino desde sus lugares de residencia. En ella dimos gracias por el camino recorrido y por las personas que nos han ayudado a avanzar, realizando sacramentalmente el misterio de ser un solo cuerpo animados y guiados por el mismo Espíritu.

Una preocupación especial durante estos días fue la situación particular de Colombia; nos sentimos muy cercanos a las juventudes y al pueblo que ha levantado su voz y que ha sido reprimido tan duramente por las fuerzas del Estado; enviamos un saludo fraterno y solidario a todos los compañeros y compañeras del cuerpo apostólico en Colombia que se sienten identificados con las justas reclamaciones. ¡Sigan adelante en la construcción de un futuro esperanzador para todos! El trabajo por la reconciliación y la justicia tiene que seguir animando nuestra vocación.

Con un corazón preocupado, sensible y solidario con todos aquellos que sufren en el mundo los rigores de la pandemia y sobre todo las consecuencias de las injustas condiciones en que le toca afrontarla a millones de conciudadanos, nos encomendamos confiados a Nuestra Señora del Camino para que nos conceda, en este Año Ignaciano, la gracia de ser puestos con el Hijo y solamente desear y elegir hacer la voluntad del Padre a través de su Espíritu.

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