Pausa Ignaciana: Acompañamiento a Novios

Por Samuel Yáñez (syanez@uahurtado.cl)
Esta vez me sugirieron el tema de esta columna. En la revista Mensaje del mes de junio escribí una reseña del libro Acompañamiento de Novios, que presenta el programa de preparación para el Sacramento del Matrimonio que realiza un equipo de CVX, y que cumple 25 años de existencia. No voy a repetir la reseña, si alguien quiere la lee, pero quien está a cargo de esta sección me escribió un whatsapp: “Ya sé de qué puedes hacer tu próxima columna”. Voy a seguir su indicación -me cuesta usualmente decidir sobre qué escribir. Su whatsapp me saca de apuro.
Claro, pero igual tengo que decidir desde qué ángulo o perspectiva escribir. Viene en mi ayuda el nombre de esta sección: Pausa Ignaciana. ¿Qué tal si hago una revisión de este año y medio desde que, con Isabel, nos incorporamos al equipo que prepara novios? Es decir, si hago una lectura creyente de lo que he encontrado en esta experiencia de recibir a una pareja de novios en casa cada mes, en torno al tema Nosotros para toda la vida. ¿Qué me ha pasado, qué he aprendido, por qué tengo que dar gracias, tengo que mejorar algo que he descubierto, tal vez pedir perdón? No tengo mucho tiempo para esta pausa. Por ello, examino a vuela teclado lo que está siendo esta experiencia en curso. Espero no caer en lugares comunes, y, si caigo, créanme que lo siento y agradezco, es decir, que son lugares míos -no son algo que uso para salir del paso.
¿Nosotros para toda la vida? La primera vez que recibimos novios, comenzó Isabel, después de las presentaciones. “No sé si esto durará para toda la vida, pero lleva casi 28 años, y la suma y resta todavía es positiva. (Profesora de Matemáticas) Esto no está asegurado de ninguna manera, se elige y trabaja todos los días”. Yo pensaba: “Y ahora viene un tiempo que puede ser más complejo, pues las limitaciones tienden a rigidizarse con la vejez. ¿Llegaremos a ser viejos sabios? Ella tiene más posibilidades que yo. No es un halago, es la realidad”. Acompañar novios me ha dejado una más honda gratitud por Isabel. ¡Claro que tiene defectos! Pero hemos podido juntos aceptarnos cada vez con más realismo, sin pedir peras al olmo, como ella dice. Acompañar novios ha sido como un estimulante para seguir pedaleando juntos.
Mira su columna anterior en el siguiente link:
http://localhost/j2021/pausa-ignaciana-una-imagen-y-un-grito-o-que-pasa-con-las-lagrimas/
Recojo también un aprendizaje que se ha ido perfilando al hilo de los encuentros mensuales. La situación real de estos proyectos matrimoniales y familiares enfrenta desafíos en los que me puedo reconocer, si pienso en nuestro proyecto en sus inicios, pero hay desafíos novedosos, distintos. El tiempo ha pasado, las condiciones han cambiado. Las condiciones para la vida sexual y afectiva tienen rasgos nuevos, la relación con el trabajo ha sufrido modificaciones, los deseos de equidad y colaboración han crecido, las mujeres tienen más claro algunos no y algunos , y los expresan y exigen. Me ha parecido entrever que las exigencias laborales y de éxito en este campo –los novios son casi todos profesionales jóvenes-, y las exigencias muchas veces agotadoras que vendrán con los hijos (colegios, actividades formativas los fines de semana, etc.), pueden llegar a generar condiciones inhóspitas para el desarrollo de los proyectos de pareja y familiares. ¿Cómo hacer momentos de pausa en medio de todo esto? Con Isabel nos deteníamos una vez al mes, más o menos: una película, un sándwich, a veces palabras, a veces silencio. Creo que esos momentos ayudaron mucho a que no se cortara el hilo entre nosotros.
Un último elemento que aparece en esta pausa, y que tiene que ver con los límites y el pedir perdón. Veo mejor que recé, que rezamos poco con nuestros hijos cuando eran pequeños. Les contaba cuentos, y eso me entretenía mucho, pero ahora creo que tengo que pedirles perdón por no haber rezado más con ellos. Ya son adultos, ellos deciden. Pero los padres bautizados hemos de colaborar a actualizar esa Presencia amorosa en sus vidas. Por ello, caigo en la cuenta que he comenzado a insistir en esto cuando comparto con la pareja de novios mensual.
Termino con un aviso de utilidad pública, aunque pueda parecer descabellado a algunos hablar de utilidad pública en estos momentos para referirse a algo eclesial. El librito se lanza, con alegría y modestia, en una ceremonia de lanzamiento. ¡Un amigo que odia los lanzamientos está implicado en éste! Sorpresas te da la vida. Jueves 4 de julio, 19:30 horas, María Luisa Santander 0290.
 

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