Última semana del año litúrgico – Cristo Rey del Universo

La fiesta de Cristo Rey nació en 1925, cuando diversos totalitarismos amenazaban apoderarse del mundo entero. Pero, ya a fines del siglo XIX,  la Iglesia se había desligado de la llamada “Alianza del Trono y del Altar”. Durante el siglo XX, las monarquías en general se devaluaron y hasta el título de rey pasó a ser sinónimo de ‘primero’ o ‘especialista’. Así, podemos tener entre nosotros hasta al “Rey del mote con huesillos”.

La liturgia, en todo caso, nos permite hacernos una idea de qué queremos decir con la fiesta que inicia esta última semana. En este año nos hace contemplar al “Rey” que viene para el Juicio Final; el año próximo nos hará ver a Jesús prisionero respondiendo a Pilato: “Yo soy rey (…) he venido al mundo para dar testimonio de la verdad”; y en el año siguiente, veremos a nuestro Rey en la cruz, reconocido por el “Buen Ladrón”, a quien promete: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”.

Si la primera lectura de la mesa de la Palabra nos anuncia esta semana que el Señor mismo será el Pastor (=Rey) de su pueblo, disperso por la culpa de los malos pastores, el Evangelio nos lo muestra juzgando a quienes lo han reconocido o no, en “el más pequeño” de los hermanos.  Al terminar el año, evocamos el término de toda la Historia, cuando el Pastor juzgará entre ovejas y cabritos.

En diversas comunidades escuchamos este Evangelio en ambiente de primer encuentro con Jesús en la Eucaristía: No pocos niños y niñas se acercan en estos días a encontrarse con Jesús en el Sacramento. El texto que escuchamos nos hace tomar conciencia de que no seremos juzgados por el número y la devoción de nuestras comuniones, sino por la “verdad” de la que vino a dar testimonio Jesús: que, como hermanos que hemos compartido el mismo Pan, somos responsables unos de otros y que no hay comunión sacramental que valga, si no nos hace comulgar con Jesús en la persona del Pobre, del Enfermo, del Encarcelado, del que tiene hambre o sed. Allí reina Cristo “hasta que ponga a todos los enemigos debajo de sus pies”, como nos recuerda la segunda lectura de la Palabra en este domingo.

Durante la semana, la Palabra complementa y refuerza la escena del juicio final. Se leen textos del libro de Daniel, escrito contemporáneo del alzamiento de los Macabeos, el que hemos seguido en la semana anterior. Y en el evangelio de Lucas oímos a Jesús en Jerusalén: primero nos hace fijarnos en la viuda que da todo lo que tenía para vivir y luego nos anuncia el fin de Jerusalén y de la historia.

El santoral se reduce, preparándonos al tiempo de Adviento. El calendario universal celebra el jueves 30 a san Andrés, apóstol, patrono del patriarcado de Constantinopla, el primero de los discípulos de Jesús. Su fiesta es una de las ocasiones en las que las iglesias de Oriente y Occidente hacen gestos importantes de acercamiento.   Por su parte, el calendario de la Compañía de Jesús recuerda el miércoles 29 al bienaventurado  Bernardo Francisco de Hoyos (1711-1735), sacerdote, primer y principal apóstol en España de la devoción al corazón de Cristo; luego, el viernes 1 de diciembre, los jesuitas recordamos a  los mártires ingleses  (Edmund Campion, Robert Southwell, etc…, 10 santos y 16 beatos) muertos por su fidelidad a la Iglesia romana en diversos momentos de los siglos XVI y XVII.  Éstos y san Andrés nos ayuden a orar por la unión de los cristianos.

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