Voces ignacianas hablan del proceso constituyente

Por Andrés Mardones. Artículo publicado en revista Jesuitas Chile n.51
El 25 de octubre pasado, con más de un 78% de votos a favor, la opción Apruebo ganaba en el plebiscito, expresando democráticamente la necesidad de una nueva Constitución para Chile. También se imponía con un porcentaje similar la opción de una Convención Constitucional por sobre una Mixta. De esa forma, quedó establecido que la nueva Carta Magna será redactada por una Convención Constituyente, la que estará compuesta por 155 miembros elegidos por votación popular el 11 de abril de 2021. Luego de esa elección, los constituyentes electos contarán con nueve meses para presentar el texto constitucional (tiempo que puede ampliarse por tres meses más). Y, finalmente, en 2022 se realizará un plebiscito de salida que decidirá si se aprueba o se rechaza ese nuevo texto.
Nos encontramos, entonces, en una etapa fundamental, en la que debemos decidir quiénes serán las personas que redactarán la Constitución que conducirá a Chile en el futuro. Por lo mismo, cabe preguntarnos ¿qué constituyentes necesitamos?, y ¿qué queremos en esta nueva Constitución, qué esperamos de ella? Esas preguntas las queremos responder, pero con una visión ignaciana, en la voz de quienes se identifican con la espiritualidad del fundador de la Compañía de Jesús y que a la vez piden que ciertos temas sean parte de nuestra Carta Fundamental.
Niniza Krstulovic, Directora Ejecutiva de Fundación Cerro Navia Joven, una de las “100 Mujeres Líderes” edición 2020 por El Mercurio
Necesitamos constituyentes que sean permeables a un camino esperanzador que logre una “Buena Nueva” para nuestro país. Que velen porque todos y todas tengamos un lugar en él, que disciernan y actúen mirando desde el Chile “sufriente” por la situación de pobreza, exclusión e injusticia social. Necesitamos representación de nuestro Chile actual, lo que implica paridad de género, pueblos originarios, políticos, independientes. Representantes de aquellos y aquellas que votamos por un cambio constitucional como también de los y las que no estuvieron de acuerdo. Esta nueva Constitución debe darnos un Chile con una nueva madurez y responsabilidad de democracia. Salir de un Estado subsidiario a uno que garantice derechos universales básicos como salud, educación, previsión y vivienda, facilitando así la implementación de políticas públicas pensadas en los sectores donde se vive pobreza y con posibilidades de ser “alcanzadas” por los grupos más excluidos del país: jóvenes que el sistema educacional expulsa, personas con discapacidad sin oportunidades, personas mayores en situación de abandono…
Benito Baranda, Vicepresidente Ejecutivo de América Solidaria. Ex Director Nacional Social del Hogar de CristoB
A la Convención Constituyente sería recomendable que concurra una amplia diversidad de personas. Ya tenemos asegurada la paridad de género y hoy debemos garantizar la presencia de representantes de los pueblos originarios, que es fundamental para que efectivamente este nuevo pacto ciudadano los incluya con su participación activa, estando involucrados. Hay que equilibrar entre el conocimiento y la experiencia. Es necesario que sean personas con habilidades para dialogar, expresar el sentir ciudadano y sus ideas para persuadir a otras, y también estar dispuestas a escuchar para dejarse persuadir y lograr los acuerdos necesarios. Sus integrantes deberán mantener un estrecho vínculo con sus representados, con los territorios que los escogieron, manteniendo cabildos permanentes donde ir cotejando la discusión. Queremos que emane de esta Constitución una nueva forma de construir nuestra sociedad, que “demos un salto hacia adelante” en la manera de tratarnos y de convivir. Esperamos que se integre en ella un claro y explícito reconocimiento de los derechos de las personas, respetando por intermedio de ellos no solo la libertad, sino también la dignidad humana en todo el arco de la vida. Garantizar derechos como la educación, vivienda, salud, pensiones, etc., implica una nueva concepción del rol del Estado, no de la manera en que se ha implementado hasta ahora recurriendo a su tarea subsidiaria —ampliando las asimetrías sociales de origen—, sino potenciado ese carácter solidario que apunta a reducir dichas desigualdades al no dejarlas en manos del mercado. Tendrá que incluir una manera diferente de ejercer el gobierno y administrar la nación, terminando con este hiperpresidencialismo que asfixia la democracia participativa y potenciado el protagonismo regional para permitir un desarrollo más simétrico a nivel nacional.
Nicolás Rojas, Director del Centro de Ética y Reflexión Social Fernando Vives SJ, Universidad Alberto Hurtado
Necesitamos gente nueva, proveniente de nuevas realidades, culturas y territorios, y, sobre todo, externa a los círculos que habitualmente concentran el poder. El país requiere de las ideas y perspectivas de quienes se han movilizado activamente en los últimos catorce meses. Urge canalizar políticamente aquellos proyectos y demandas que se expresan, pero también difuminan, en las calles. En este sentido, necesitamos no solo constituyentes que aporten contenidos y experticias, sino que además doten de legitimidad al proceso y a la nueva Carta Magna, desde sus posiciones y diversidades. Sin duda tendremos personas ilustradas, pero lo que ahora precisamos, sobre todo, es sumar personas y colectivos que aporten pluralidad y legitimidad al proceso.
La Constitución debe tener contenidos y formas acordes a la realidad del siglo XXI, que actualice crítica y modernamente los valores republicanos y cristianos que cimientan la historia de este territorio. Una Constitución que otorgue reconocimiento a los pueblos originarios, consagrando derechos colectivos, ambientales y territoriales, y descentralizando el poder. Que cobije y ponga en valor la diversidad presente en nuestro país, con perspectiva intercultural, decolonial, de derechos y de género. Que encarne una cultura del reconocimiento y la inclusión, y que en sí misma otorgue legitimidad y sustentabilidad a la convivencia.
Liliana Cortés, Directora Ejecutiva de Fundación Súmate, una de las “100 Mujeres Líderes” edición 2020 por El Mercurio
Se necesitan constituyentes que hoy sostengan un trabajo cercano de diálogo y escucha con diversas poblaciones excluidas. Sobre todo, personas con capacidad de diálogo y consenso que crean que no son la voz de los sin voz, sino que colaboren a que todos los que compongan el equipo de constituyentes se sientan escuchados, y con capacidad de dialogar y llegar a acuerdos por el bien común. La nueva Carta Fundamental tiene que garantizar pisos mínimos de bienestar que habiliten a los que viven en Chile para ejercer su libertad y poder de decisión. En cuanto a las nuevas generaciones, que niños, niñas y jóvenes vean reflejada en la Constitución una ruta de desarrollo como país que debemos defender y cuidar para lograr mayor bienestar.
José Manuel Cruz SJ
Necesitamos constituyentes que reflejen la real diversidad de Chile. No puede ser una instancia copada solo por políticos y académicos (aunque tienen que estar), sino que debe integrar a personas de todas las regiones y procedencias, condiciones sociales, ideologías, creencias religiosas e historias de vida. Espero que se aprueben los escaños reservados para pueblos originarios y gente con discapacidad, además de dar plenas posibilidades a los candidatos independientes. Es importante que se incorporen dirigentes de base y miembros de movimientos sociales, así como líderes morales, intelectuales y culturales que ayuden a articular acuerdos. Que sus integrantes tengan compromiso social, generosidad y sentido de urgencia, entendiendo que debe redactarse una Constitución de buena calidad en un tiempo breve. Como dice la encíclica Fratelli tutti, se requieren “artesanos de la paz”, la cual no se logra sin condiciones efectivas de justicia. La Constitución debe ser la casa de todos, un símbolo de unidad. Es mucho más que un documento, pues debe recoger el pacto político fundamental de nuestra sociedad, estableciendo qué principios y qué derechos queremos asegurar para nosotros y para las futuras generaciones. Espero que garantice efectivamente derechos sociales como la salud, la educación y la vivienda bajo la categoría de Estado Social de Derecho; que proteja nuestros recursos naturales en beneficio de toda la población y en un marco de desarrollo integral; que reconozca a los pueblos originarios con algún grado de autonomía y en un Estado plurinacional y multicultural; que fortalezca la democracia y exija la modernización del Estado; que amplíe la participación de la ciudadanía (mediante plebiscitos, iniciativa popular de ley y otros instrumentos) y que entregue herramientas para combatir la corrupción pública y privada, los abusos de poder y la desigualdad económica (con un sistema tributario más justo).

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